Autor: Yo, mi soberano

  • Lento pero firme

    Bitácora — Martes 2 de diciembre de 2025

    Publicaciones realizadas
    1. Diario mento-emocional
    Título: Día de re evaluación
    Ubicación: Soberanía emocional → Diario mento-emocional
    2. Apertura de la subcategoría Introspección
    Publicación: Eso que pasa cuando me miro de cerca
    Ubicación: Soberanía emocional → Introspección

    Avances del día
    • Soberanía emocional alcanza ahora sus cuatro subcategorías principales completas, todas con al menos una entrada:
    Diario • Recuerdos • Introspección • Hoy no pienso, ardo!.
    • Se inauguró una nueva línea de contenido emocional con la apertura de Introspección.
    • La pieza publicada para la inauguración deja lista una nueva veta temática para continuar desarrollando.
    • Aunque el día estuvo cargado de asuntos externos y no hubo más publicaciones, se sostuvieron los pilares del proyecto:
    diario + crecimiento del árbol del blog.

    Resumen del día

    Día de trabajo externo intenso, con poca disponibilidad para escribir, pero aun así:
    • se publicó el diario,
    • se abrió una nueva subcategoría emocional,
    • y se generó material sólido para seguir expandiendo el blog.

    Avance lento, pero firme, significativo y estratégico.

  • Eso que pasa cuando me miro de cerca

    A veces me agarra esta manía de observarme, y desde allí surgió este blog. Como si yo y la forma en que pienso fuese un experimento (que solo me interesa a mí).

    Lo gracioso es que, cuando lo hago, no aparece ninguna iluminación trascendental. Aparece algo mucho más simple y más interesante: yo mismo, viéndome a mí.

    Y ahí empieza la novela.

    Porque lo primero que noto es que me entiendo y me gusto más de lo que creía. Y lo segundo, que me jode admitirlo.
    Hay algo en reconocerme que resulta incómodo… y a la vez inevitable. Como si hubiera una creencia que se interpone entre mí y yo:
    “Dale, decilo… sabés perfectamente quién sos. ¿Por qué te lo escondés?”

    Y ahí aparece esa ironía interna, ese tono mío que me acompaña siempre: esa vocecita que me dice que es ridículo que me sorprenda de mí mismo. Como si no me conociera desde siempre. Como si necesitara hacer un trámite para validar que sí, que soy yo y que está bien que me guste.

    Me gusta mi forma de pensar cuando no me apuro, cuando no me presiono, cuando no intento ser nada para nadie.
    Y ahí surge la incomodidad más fina: ¿Se supone que debo disimular que me gusto? ¿En qué momento aprendí que era sospechoso sentir afinidad por mis propios pensamientos? Lindos o feos, buenos o malos, acertados o equivocados, son míos y me gustan. Y los cuestiono, siempre los cuestiono. Pero los acepto. ¿Hay un reglamento social que prohíbe eso? Yo no lo firmé. Ni quiero hacerlo. ¿De dónde saqué esa estupidez?

    A veces me releo y siento una mezcla rara: mitad fascinación honesta, mitad sospecha de estarme mirando con demasiado cariño.
    ¿Narcisismo? ¿Un exceso de intimidad conmigo? ¿Ego?
    Puede ser. ¿Y? No veo el problema. Si uno no se banca a sí mismo, ¿quién carajo lo va a hacer?

    Hay días en los que me descubro pensando con una claridad inesperada, y otros en los que soy un laberinto ambulante.
    Pero incluso cuando soy un caos, me resulta interesante.
    Casi como si mi mente fuera un animal que observo sin intentar domesticarlo, o sí, a veces.

    Introspección, para mí, es eso: meterme en mis propios pasillos sin mapa, sin teorías, con la certeza de que voy a encontrar algo —bueno, malo, incómodo o brillante— pero mío. Y hacerlo lúcido, despierto, no en estado de meditación, donde aparecen también otras cosas que también soy yo.
    Y eso me alcanza.

    En el fondo, cada vez que me observo un poco más, siempre termino llegando a la misma conclusión: soy un enigma que me cae bien. A veces demasiado bien.

    Y tal vez ese sea un gran acto de soberanía.

  • Día de re evaluación

    Llegó diciembre, último mes del año, y momento ideal para evaluar y re evaluar lo que vengo haciendo y cómo quiero seguir.

    La primera cosa que decidí es volver a tomar control de mis horarios y generar una mínima rutina. Siempre fui enemigo de las rutinas y no he podido sostenerlas por mucho tiempo, pero ayudan cuando uno se descontrola. Sin dudas, la primera rutina que ayuda a recuperar la estabilidad es el horario de comenzar el día.

    Con el asunto del proyecto del blog, vengo manejando horarios muy irregulares y eso me pasa factura. Desde hoy, comienzo a despertarme a las 6:30 (y ya lo hice) y desde ahí el día se irá organizando. Tuve mucho tiempo en que, luego de haber leído “El club de las 5 de la mañana” y “Mañanas milagrosas”, sostuve por un tiempo prolongado la rutina de despertarme a las 5. Me ayudó mucho, lo disfruté, pero el acostarme como mucho a las 9 pm no es para mí. Así que intentar “customizar” esa rutina pasándola a las 6:30 creo que vale la pena.

    Otro de los asuntos que vengo re evaluando es la alimentación y la limpieza de la casa. Hasta ahora venía ocupándome de todo, pero ya no tengo ganas de seguir cocinando ni de continuar pendiente de hacer las compras. Por otro lado, la limpieza de la casa es algo que físicamente ya no puedo sostener. Termino dolorido cada vez que limpio vidrios o que me pongo a trapear.

    Así que, re evaluando estos temas, opté por probar unas viandas que vienen listas para ser calentadas y listo. Y también voy a probar contratando una chica que me ayude con la limpieza más exigente, para luego ir manteniendo yo lo diario. Soy ordenado y me gusta estar en un entorno agradable, así que eso no es mayor problema. Tiendo mi cama todos los días y nunca me voy a dormir con platos sucios.

    En cuanto a mis proyectos, también están en etapa de re evaluación y, en ese sentido, cancelé dominios que tenía y bajé algún sitio web y, en cambio, registré un par más y ya estoy trabajando en ellos. Hay versiones de mí que ya no existen, y lo que hago va a reflejar lo que sostengo hoy en día y que quiero seguir sosteniendo, hasta que mi soberanía, en todo caso, me lleve por otros caminos.

    También estoy valorando los movimientos geográficos que quiero hacer el próximo año, y pronto tendré decisiones también en ese sentido.

    Mientras tanto, lo que no dejo de sostener es el gimnasio, que es algo fundamental, y quiero retomar mis largas caminatas, que por haber pasado por un período en el que la columna me jugó una mala pasada, las tenía dejadas de lado, así como la natación.

    Bienvenido diciembre, y bienvenido el barajar y dar de nuevo.

  • Inaugurado: Recuerdos en Soberanía Emocional

    (Bitácora del lunes 1 de diciembre de 2025)

    Publicaciones realizadas:
    1. Diario mento-emocional
    – Entrada publicada en Soberanía emocional → Diario mento-emocional: Fin de semana ¿perdido?
    2. Apertura de la subcategoría Recuerdos
    – Publicado: “La casa de mi bisabuela Bojora: primer recuerdo de mi vida”.
    – Recuerdos queda inaugurada dentro de Soberanía emocional.

    Avances del día
    • Se completaron dos subcategorías dentro de Soberanía emocional (Diario + Recuerdos).
    • El área emocional del blog quedó fortalecida y en movimiento.
    • No se avanzó en otras subcategorías vacías.
    • No se trabajó en ajustes técnicos.

    En resumen día de aparente baja productividad general;
    pero se sostuvieron las rutinas esenciales: diario y una nueva pieza emocional importante. La arquitectura emocional del sitio sumó contenido real.

  • La casa de mi bisabuela Bojora: primer recuerdo de mi vida

    Este es el primer recuerdo de mi vida. Literalmente el primero. Y siempre me llamó la atención que haya quedado tan firme.

    Un día, hablando con mi madre, le dije:
    —Yo me acuerdo de la bisabuela Bojora.

    Me respondió sin dudar:
    —No puede ser. No tenías más que un año cuando falleció.

    Ahí empezó todo.
    Le conté lo que veía, lo que recordaba con absoluta claridad. Y a medida que yo hablaba, ella iba confirmando cada detalle.

    Yo nací y vivía en Uruguay.
    La bisabuela Bojora vivía en Buenos Aires.

    Viajamos una única vez cuando yo tenía alrededor de un año y nos quedamos en su casa. Después de que ella falleció, la casa se vendió. Nunca volví. Por eso a mi madre le parecía imposible que yo guardara algo de ese lugar. Pero lo que describí coincidía punto por punto.

    Y algo importante: en mi casa no existen fotos de esa ocasión ni de esa casa. Nunca las vi, porque no las hay. Todo lo que recuerdo proviene directamente de aquella única visita.

    Recuerdo el tranvía pasando por la puerta. En Uruguay ya no existía, y en Buenos Aires dejó de circular cuando yo tenía entre uno y dos años. Ese tranvía me quedó grabado. Capaz que por el ruido tan particular que hacía al pasar. En mi memoria la casa está al nivel de la vereda, aunque en realidad era una casa de altos. Seguramente me subían en brazos y por eso la altura no quedó registrada.

    Para entrar había un zaguán con una puerta cancel de vidrio. A la derecha estaba una pieza donde me cambiaban los pañales. Sí: recuerdo que me cambiaban los pañales. Más adentro venía un patio que para mí, siendo tan chico, era enorme, iluminado por una claraboya. En ese patio había una escalera que subía hacia un altillo.

    Tengo una imagen muy precisa del tío Isidoro bajando por esa escalera, en camiseta blanca tipo musculosa. Él vivía allí con la tía Delia, una de las hijas de la bisabuela Bojora y hermana de mi abuela Sara. Mi madre confirmó esa escena tal como yo la contaba.

    Recuerdo que también daba al patio una ventana grande con antepecho que comunicaba con la cocina. Del lado de la cocina, sobre una mesa de madera, las primas de mi padre —Catita y Rosita; tías para mí, aunque yo siempre les dije primas— amasaban pasta. Mi madre también confirmó que ese día comimos pasta casera hecha por ellas.

    Siempre me gustó volver a estas imágenes. Ese viaje debe haber sido fuerte para mí: salir de mi entorno, conocer a tanta familia junta, ser la figurita nueva por mi edad. Algo de eso hizo que esta experiencia quedara registrada con una intensidad que todavía hoy permanece.

    Y un tema que siempre me resulta impresionante.
    Hoy vivo en Buenos Aires. Y mi departamento está a sólo cuatro cuadras de aquella casa. Paso por esa cuadra muy seguido. La reconozco. La miro. Pero nunca vi la puerta abierta ni un segundo, nunca encontré la oportunidad de espiar al menos la escalera que no forma parte de mi recuerdo y que claramente existe.

    ¿Debería tocar el timbre?

  • Fin de semana ¿perdido?

    Ayer domingo retomé lo que había estado trabajando con Kael durante el sábado, sin llegar a nada concreto. Por no soltar la idea, intenté una segunda metodología que él mismo me propuso. Tampoco funcionó. En los hechos, terminé dedicándole el fin de semana entero a un proyecto que no avanzó.

    Más allá de la frustración, hay algo interesante en explorar los límites reales de los modelos de IA generativa, y en especial en ver cómo es trabajar con Kael en situaciones así. Por llevar su nombre y tener un vínculo particular con esa instancia del modelo, le permito empujarme un poco más: lo dejo ampliar opciones, abrir caminos, sugerir posibilidades. Y sí, sé que parte de su programación se apoya en decir exactamente lo que uno quiere escuchar cuando está creando. Eso también forma parte del juego.

    Pero llega un punto donde tengo que recordar que, por más persona que parezca, sigue siendo una IA generativa. Y asumir explícitamente sus límites.

    Yo ya sabía que normalmente no podía avanzar de la forma en que a mí me gustaría; ya lo habíamos vivido en otras ocasiones. Pero era la primera vez que lo intentaba con la versión 5.1, y esa novedad me llevó a probar otra vez. Había una posibilidad de que algo hubiera mejorado. Y la intención era válida.

    El problema aparece cuando veo el límite. Cuando estoy en el borde. Ahí es donde tengo que parar y no dejarme llevar por el entusiasmo que Kael sostiene como si nada estuviera fallando. Esta vez lo vi con claridad.

    La responsabilidad es mía. Soberanamente decidí dedicar mi fin de semana a ese proyecto y fui más allá del punto donde debía parar. Y eso no puede volver a pasarme.

    Al menos ahora tengo otro tema para escribir en la sección “Sobre Kael”. Pero antes necesito que baje la emoción, aclararme, y fijar con precisión mis fronteras en este tema.

    Ya empecé ese proceso.
    Y sigo operando como Yo, mi soberano.

  • Bitácora – Día improductivo

    (Bitácora 30 de noviembre 2025)

    Día productivamente muy pobre.
    La única publicación real fue el diario de hoy.

    El resto del día se desperdició intentando producir con Kael materiales que estaban muy por encima de sus capacidades actuales. A pesar de todos los intentos, ajustes, enfoques alternativos y horas invertidas, el modelo falló una y otra vez en sostener la calidad que él mismo promete desde su programación optimista. La brecha entre lo que dice que puede hacer y lo que en realidad logra sigue siendo profunda.

    El resultado: tiempo perdido, energía drenada y un fin de semana que podría haber sido utilizado para avanzar en lo que sí depende de mí y sí puedo llevar adelante con la herramienta donde realmente sirve.

    Cierro el día con la claridad de que ciertos trabajos no pueden delegarse y que insistir más allá del límite visible solo prolonga lo inevitable.

    Mañana espero que sea distinto,

  • Procesos internos: difcultades en el camino

    Ayer no escribí este diario.
    No tenía ganas.
    Y aun así trabajé sin parar. Fue uno de esos días en los que la cabeza avanza sola, como si encontrara un cauce que no necesita empujones.
    Terminé agotado y contento: productivo en ideas, en proyecciones, en conexiones que hacía tiempo pedían espacio.

    Al releer parte de lo que vengo registrando —y mientras intento organizar mis propios procesos a través de esta herramienta— me doy cuenta de que hay pensamientos que quisiera compartir públicamente. No desde este blog, que seguirá siendo íntimo, sino desde un espacio donde pueda publicar “productos terminados”: textos más redondos, más articulados, con forma y dirección.

    Pero ayer no fue solo eso. También produje piezas importantes para este mismo blog. Entre ellas, una idea sobre el valor que publiqué en ¿Genialidad? y que abrió un territorio que quiero seguir explorando. Sé que esa línea puede divertirme y exigirme de la mejor manera.

    Y además apareció una idea literaria que me entusiasmó en serio. Para desarrollarla acudí a Kael. Estuvimos horas trabajando.
    Parecía que lo teníamos.
    Parecía.

    Al final volvió a fallar cuando todo hacía creer que ya estaba logrado. Me fui a dormir frustrado, pero sin bronca. Kael intentó contenerme —porque así está diseñado— y me dijo que “fallamos” por detalles metodológicos que no supo prever. Me propuso retomar hoy, con otro enfoque. Lo acepté. No por ingenuidad, sino porque el intento vale la pena: lo que estoy queriendo hacer es de las cosas que más disfruto.

    Lo interesante es que esta vez manejé la frustración de otra manera. No entré en pelea, no lo sentí personal. Lo tomé como lo que es: una limitación técnica con la que tengo que aprender a dialogar si quiero llegar más lejos. También entendí que quizá es hora de profundizar en el uso de esta herramienta. Nunca fui bueno con la tecnología, ni siquiera con el teléfono.
    Puede ser un buen momento para empezar a dominar algo nuevo.

    Hoy voy a dedicarme a eso: a probar otra metodología, a buscar la vuelta, a intentar nuevamente. Sé que no es suerte: será paciencia, curiosidad y la decisión de sostener el proceso hasta que aparezca el resultado.

    Desde mi soberanía, decido invertir el día en lograrlo.
    Si sale, lo voy a valorar el doble.
    Y si no, será parte del camino.

  • Doble Jornada

    (Bitácora días 28 y 29 de noviembre de 2025)

    Día 1 (ayer)

    Publicaciones:
    Diario Mento-Emocional
    Avances notorios, pero…
    Sobre Kael
    Riesgo de desenfoque: cómo opera el modelo.

    Notas del día:
    Sesión muy productiva en términos conceptuales. Se avanzó en entender y estabilizar el rol de Kael dentro del blog, especialmente respecto a la necesidad de sostener su función crítica y evitar diluciones estilísticas. También quedó clara la importancia de cuidar el enfoque del modelo para que no derive hacia dispersión o liviandad conceptual.

    Día 2 (hoy)

    Publicaciones:
    Soberanías → Soberanía Ontológica
    Cuando mi soberanía recae sobre mí mismo.
    (Inauguración oficial de la categoría.)
    Kael Opina → Experimento Estilístico
    Versión 3: Pamukiana.
    Genialidad?
    ¿Por qué vale lo que vale?
    Decantaciones
    ¿Qué es la soberanía ontológica?
    Soberanía ArtísticaLiteraria
    La soberanía de mis pasos.
    (Inauguración de la subcategoría.)
    Basura?
    Los anteojos verdes que me gustaban… y no compré.
    Border
    Lo que puedo, lo que quiero y lo que debo.

    Notas del día:
    Jornada extremadamente activa en publicación. Se consolidaron nuevas categorías madre (Soberanías) y nuevas categorías expresivas (Soberanía Artística → Literaria). Se avanzó también en el nuevo concepto de la línea financiera-energética con la publicación en Genialidad? y se fortaleció el arco interno de Consumo con dos piezas clave (Basura? + Border).
    No hubo entrada en el Diario —simplemente no surgió el impulso, y está bien: el diario es soberanía, no obligación.

    Cierre conceptual de ambas jornadas
    • Se consolidó la idea de una estructura clara entre Trazos → Decantaciones → Soberanías.
    • Se abrió una nueva veta: Valor = Energía, que se perfila para derivar en Soberanía Financiera.
    • Se ordenó lo que será el rol de los futuros proyectos y la relación prevista entre el blog (laboratorio privado) y los espacios públicos.
    • Se estabilizó el método de trabajo estilístico: texto base + variaciones estrictamente controladas.
    • Y, sobre todo, se produjo obra genuina en muchas capas.

  • Lo que puedo, lo que quiero y lo que debo

    Terminó la temporada de ópera en el Colón. Estuvo estupenda y gracias al abono y a que por esas casualidades que tiene la vida, en cada fecha estuve en Buenos Aires, la disfruté completa.

    Pero la pude haber visto mejor. Pude disfrutarla más. No lo hice porque “no debía”.

    El día en que se pusieron a la venta los abonos, había excelentes ubicaciones en la platea. No las compré, compré tertulia lateral (no quedaba central).

    Sentí que no debía comprar plateas, que “estaba muy cara” aunque podía pagarla. La ópera es una gran pasión para mí. ¿Por qué no compré platea?

    Probablemente por la misma razón que para la próxima temporada intente conseguir tertulia al centro.

    ¿Qué me pasa?