Mi Patria Soberana

Hay frases que se repiten incansablemente -y hasta las repito yo mismo- y parecen intocables. Hasta que un día cuando caen dentro mío, escucho (por primera vez?) cómo suenan. Y me hacen ruido, causan un estruendo que me despierta de un largo letargo.
“La Patria es el otro” es una de ellas.
La dije, la leí, la escuché, la repetí…
pero un día algo en mí se desacomodó.

Nací en Uruguay.
Crecí cantando un himno que abre con un filo cortante:
“Orientales, la Patria o la tumba.”
Un ultimátum disfrazado de identidad.
Y sin embargo, años después, al escuchar que “la Patria es el otro” no puedo evitar que algo en mí choque.

Combino ambas sentencias y me pregunto:
¿El otro… o la tumba?
¿Quién decide?
¿Quién interpreta?
¿Quién define la Patria en nombre de todos?

Me pregunto también:
¿Quiénes afirman a pies juntillas que la Patria es el otro?
¿Desde qué lugar lo hacen?
¿Desde qué poder real o simbólico se sostiene esa frase?
¿Con qué intención, con qué horizonte, con qué idea de comunidad?
¿Quién se siente autorizado a enunciarla?
¿Y qué soberanía está implícita en esa afirmación?

Cuando declaro que la patria está en el otro…
¿qué lugar ocupo yo?
¿Y qué lugar le asigno a ese otro?
¿Lo convierto en depositario de mi identidad, o me reflejo en la suya?
¿En sostén, en apoyo involuntario?
¿En espejo, en reflejo?
¿En actor o en escenario?
¿O en territorio a administrar, o me convierto por el contrario en territorio administrable?

Empiezo a ver que esa pregunta abre otra:
¿Qué tipo de soberanía necesita que la patria sea el otro?
Una soberanía ejercida sobre otros no es soberanía personal.
Intuyo que afirmar que la Patria sea el otro, es dirección, conducción, tutela o representación.
Y esa lógica no resuena con mi forma de habitarme.

Hay un punto en el que me cae la ficha:
yo no puedo ejercer soberanía sobre nadie más que sobre mí.
Ese es el límite.
Ese es el borde.
Ese es el territorio.

Y si la soberanía es personal,
si mi poder nace de mi lucidez y no de la dominación,
entonces la patria no puede ser el otro.
No puede estar afuera.
No puede depender de un colectivo.

La patria es mi territorio interno.
La patria es el espacio que gobierno dentro mío.
La patria es la raíz que me sostiene incluso cuando cambio de país, de idioma o de vida.
La patria es el lugar donde mis decisiones pueden crearse.
La patria es lo que no le delego a nadie. Es lo que yo defiendo. Y como también dice el himno uruguayo: “Libertad, o con gloria morir”.

Sigo sin respuestas definitivas.
Solo veo líneas que empiezan a dibujarse,
preguntas que se tensan,
ideas que piden un ensayo entero.

Lo único que se asienta, aquí y ahora,
es esta certeza firme:

Mi patria soy yo, y nadie más que yo.
Yo y lo que es me es propio.
Y desde ahí respeto al otro, que defenderá su Patria.

Todo lo demás…
queda para profundizar en otro nivel.