¿Qué es la soberanía ontológica?

La palabra “soberano” tiene siglos de historia. Remite a reyes, territorios, fronteras y súbditos. Un soberano en la acepción clásica gobierna a otros, decide por ellos, se impone y hasta somete. Su poder depende de que exista alguien “por debajo”, alguien sobre quien ejercer esa soberanía.

Pero cuando digo Yo, mi soberano, hablo de algo mucho más difícil: el poder que ejerzo sobre mí mismo. La capacidad que tengo de dirigir mi vida, de elegir mis caminos, de orientar mis decisiones y de habitar mi agencia interna sin prestársela al ruido, a las inercias, a las expectativas ajenas o a los automatismos que la cultura instala y que a veces parecen propios.

Aparece así la soberanía ontológica: la que opera en el plano del ser, en el plano donde nace la dirección de todo lo demás.
Yo gobierno mi eje interno y afirmo mi propia voluntad. Asumo la autoría de mi dirección.

La soberanía ontológica es la autoridad interior que define desde dónde vivo, desde dónde decido, desde dónde actúo y desde dónde me pienso.
Es el fundamento que permite ejercer todas las otras soberanías: mental, emocional, financiera, geográfica, etc.

Soberanía ontológica es saber que soy yo el que me dirijo, el que elijo.
Ser Yo, mi soberano es ejercer el poder sobre mí y sólo sobre mí.
Es la condición que me permite dirigirme en mi propia dirección con la libertad de ser quien quiero ser.