Incómoda incomodidad

Me releo y me gusto.
Mucho.
Demasiado, tal vez.

Y ahí aparece esa incómoda incomodidad, esa duda idiota que no sé de dónde salió.:
¿tengo que esconderme de mí mismo ese brillo que percibo?

¿De dónde saqué que no está bien amarme al reconocerme?
A la basura esa creencia limitante, que mía no es.


Reconocerme también es soberanía.