¿El Estado me ama…o quiere poseerme?

A veces siento que el Estado es ese ex insistente
que no acepta el final.

Me manda señales, sellos, himnos, obligaciones.
Yo respondo con silencio diplomático.

No es odio.
Es que confundió que yo nací en su seno
con creer que podía ser mi dueño.

Mi Patria, en cambio, no firma contratos.
Sólo late.