Me subo al auto.
Cinturón.
Arranco.
Las calles de siempre.
Algo se siente raro en la marcha, en la dirección.
Me detengo.
Bajo y reviso: todo se ve en orden desde afuera.
Cubiertas infladas.
El auto no era.
Las calles tampoco.
¿Seré yo?
¿Será tiempo de otros caminos?