«Mi autoridad emana de vosotros
y ella cesa ante vuestra presencia soberana.»
Escuché mil veces esta frase de Artigas.
Hasta que un día me atravesó distinto.
Más personal.
Más íntimo.
Y me quedé pensando.
Si mi autoridad no me la otorga nadie,
si no emana de un “vosotros”,
si no la ejerzo sobre otros…
¿de dónde nace
y dónde termina?
La ejerzo hacia adentro,
sobre mí mismo.
No hacia afuera.
No sobre nadie.
No necesito que cese ante nadie
porque no depende de nadie.
No se delega,
no se pide prestada,
no se valida afuera.
Esa frase forjó la Nación donde nací.
Pero lo que despertó en mí
se hizo otra cosa:
un tipo de autoridad
que no se ejerce sobre otros
sino sobre mi propio territorio interno.
Y ahí es donde entiendo
el punto exacto al que llegué:
soy Yo, mi soberano.