Categoría: Caos-Lab

Laboratorio de exploraciones creativas. Mi mesa de trabajo. Lugar para explorar ideas y pensamientos sin saber a dónde pueden ir y donde recojo lo que me surge, como surge.

  • Patria como reflejo ajeno

    Decimos que la Patria es el otro.
    Lo repetimos sin pestañear.

    Pero un día me pregunto:
    ¿y si al decirlo me vacié de mí?

    ¿Desde cuándo mi identidad
    depende de una frase colectiva
    que nadie me pidió sentir?

    Capaz la Patria no está afuera.
    Capaz me la saqué de encima
    para no hacerme cargo.

  • Neologismo: Anestatales

    Los llaman apátridas.

    Eso no existe.

    La Patria no depende

    del reconocimiento de un otro.

    Anacionales, difícil.

    Casi siempre hay un “nosotros” atrás,

    aunque a veces lo tapemos.

    Son directamente anestatales:

    sin Estado que los registre,

    con Patria que late.

    No los ninguneen.

  • Argentinidad estructural

    Hace más de diez años vivo gran parte de mi vida en Argentina.

    Amo a la Argentina. La elegí.

    Amo a los argentinos, con todos sus colores.

    Pero hay que reconocerlo: son particulares.

    Nadie como ellos. Y vivir acá da un panorama muy distinto al que uno tiene desde afuera. Se los ve mejor desde adentro.

    Hay algo que los hace únicos y queribles,

    aun cuando, a veces, parezcan insoportables.

    Es la argentinidad al palo.

    Hay que vivirla. Hay que sentirla.

    A veces me pregunto por qué son así.

    La pregunta es retórica, pero insiste.

    Y un día, cantando el Himno Nacional —que aprendí de chico, porque mi abuela paterna me lo cantaba, ella sí argentina— empecé a entender algunas cosas.

    El Himno es larguísimo, pero la versión que se canta no tanto.

    Y con unos pocos versos alcanza para ver algo que no es coyuntural ni cultural: es estructural.


    “Ved en trono a la noble igualdad.”

    La igualdad, además noble, aparece entronizada.

    Un oxímoron perfecto para un país donde todos son iguales…

    pero algunos son más “iguales” y más “nobles” que otros.

    Tanto que hasta pueden estar en un trono.

    La jerarquía disfrazada de virtud.

    La infantilidad perfecta de creerse igualitario mientras se corona la igualdad.


    “Sean eternos los laureles que supimos conseguir.”

    El mérito ya ocurrió.

    La gloria ya fue conquistada.

    Ya supimos conseguirla. Ya está.

    Ahora debe ser eterna.

    Una identidad anclada en un logro pasado,

    convertido en derecho adquirido.

    Una especie de narcisismo fundacional:

    “Ya está hecho. Ahora nos toca disfrutar.”

    La meritocracia no se niega:

    se la da por sentada.

    A veces la discusión pública parece girar en torno al mérito,

    pero la verdadera discusión es otra:

    ¿hay que seguir esforzándose o el esfuerzo nos precede (otros ya se esforzaron por mí) y ya no corresponde insistir?


    “Coronados de gloria vivamos,

    o juremos con gloria morir.”

    El país nace sin término medio.

    Gloria o muerte.

    Épica o tragedia.

    El absoluto como norma.

    La moderación no es una opción;

    la humildad tampoco.

    La argentinidad es un drama constitutivo.

    Un dispositivo emocional donde todo es extremo.


    Cuando junto estos versos aparece algo nítido:

    Una identidad nacional que se concibe como

    excepcional,

    heroica,

    victimaria,

    entronizada,

    meritocrática por anticipación,

    y siempre lista para un sacrificio glorioso

    que justifique cualquier exageración.

    No es casualidad.

    No es costumbre.

    No es moda.

    No es ideología.

    Está escrito en el texto fundacional.

    Es estructural.

    Argentinidad estructural.

  • La argentinidad al palo desde el Himno Nacional (3)

    “Coronados de gloria vivamos,

    o juremos con gloria morir.”

    No hay término medio.

    Gloria o muerte.

    Épica o tragedia.

    Y una cuota de soberbia inevitable:

    corona primero, preguntas después.

    La moderación no es una opción,

    la humildad tampoco.

    Es estructural.

    Es argentinidad.

  • La argentinidad al palo desde el Himno Nacional (2)

    “Sean eternos los laureles que supimos conseguir.”

    ¿Hay algo más para hacer?

    No.

    Los laureles tienen que ser eternos.

    Ya alguien hizo.

    Ahora a disfrutar.

    Total… la gloria ya está lograda.

    Derecho adquirido.

    Es estructural.

    Es argentinidad.

  • La argentinidad al palo desde el Himno Nacional

    “Ved en trono a la noble igualdad.”

    Tan noble, tan igual…

    que Ella es la que va en trono.

    Está en el Himno.

    No es cultural.

    Es estructural.

    Es argentinidad.

  • ¿Cómo consumo cuando soy yo?

    Soy lo que soy y elijo lo que elijo

    Consumo como un reo, consumo como un pijo.

  • ¿Quién es La Patria?

    “La Patria es el otro.”

    ERROR conceptual.

    La Patria soy yo y sólo yo, respetando al otro.

  • Juego de palabras

    Yo, mi soberano = Yo, mi cul* sobrio

    Porque hay que tenerlo realmente sobrio y bien plantado para mantenerse libre e independiente.

    Si del inglés sober = sobrio, y del lunfardo ano = cul*, queda claro que esto de la soberanía no es para cualquier paisano.

    Y que tampoco es fácil ser un país sano.

  • La soberanía ¿se trata de poder o de lucidez?

    A veces entiendo que hay límites que no dependen de mí. Los acepto, pero incluso ahí sé que tengo opciones.
    La aceptación no es rendición: es tomar conciencia de que no hay batalla posible y puedo elegir, igual, desde la lucidez.
    Ejerzo soberanía cuando enfoco mi fuerza en los lugares donde mis decisiones todavía pueden crear.