Categoría: Soberanías

“Espacio donde exploro las distintas formas en que es posible ejercer soberanía —geográfica, mental, financiera, ontológica, emocional, etc.— y comprender la libertad que puede nacer de cada una de estas soberanías. Busco entender hasta dónde y cómo se puede ser dueño de uno mismo.”

  • Lunes feriado post-Paraguay

    Hoy es nuevamente feriado, el cuarto día consecutivo, ya que el viernes también lo fue. Es cómico porque si bien ya hace más de diez años que tengo como base la Argentina, casi nunca sé cuándo son los feriados ni a qué obedecen. Un lujo que me puedo dar por no trabajar en relación de dependencia y por llevar mi Patria adentro. Además, íntimamente no preciso celebrar ningún tipo de gesta heroica o conmemorar hechos desgraciados de nadie.

    Pensando mejor, tal vez haya alguna excepción que me saltó en cuanto escribí la frase anterior, pero hoy no tengo ganas de analizar eso. Le doy lugar pero lo mando de nuevo al fondo de mi mente.

    Regresé de Paraguay cansado. Me encanta ir y volver manejando, pero las rutas están en mal estado. Esto me exige más atención todavía y evitar conducir de noche; aunque un par de horas igualmente sigo, después que se esconde el sol. Y el viaje es largo. Lo hago en dos días para ir y dos para venir.

    Cada día estoy con más ganas de incorporar más profundamente a Paraguay, dándole un lugar más marcado en mi modo de vida. Ya tengo mi residencia, pero cada vez me invita más a explorar sus posibilidades. Su gente me encanta y el clima, evitando los meses más calurosos, es ideal para mí. La naturaleza es fabulosa y Asunción está a punto de caramelo en varios aspectos. El momento es ahora.

    Creo que es una ciudad que se va a terminar malogrando (respecto de la ciudad que era) por la enorme cantidad de edificios y proyectos que en ella se están desarrollando. Pero hoy, la mezcla de vegetación, chalets de teja, calles empedradas y proyectos modernos e imponentes que irrumpen en medio de eso, le brindan una magia que me fascina.

    Por otra parte, siento que Paraguay encarna en este momento el antiguo dicho de “hacerse la América”, cuando los europeos llegaban en barcos por las oportunidades que ofrecía este continente. Ese hacerse la América, hoy en Paraguay, sin dudas está presente. Se palpa en el aire. Así que sí, por ahí voy…

    También quiero retomar mi entrenamiento en el gimnasio, que me estaba haciendo bien, y ocuparme de mi blog y de algunas cuestiones financieras, así que día completo. Que la casa siga esperando; igual, se va manteniendo en condiciones aceptables de habitabilidad para mis propios estándares. Tengo pescado que saqué del freezer y con unas papitas me arreglo para preparar algo rico. Todo bajo control, si es que se puede controlar algo (que no), así que día, allá voy.

  • ¿Será que mi Patria interior es gitana?

    Escuchaba Carmen y me atravesó.

    Tu n’y dépendrais de personne ;
    point d’officier à qui tu doives obéir
    et point de retraite qui sonne
    pour dire à l’amoureux
    qu’il est temps de partir !
    Le ciel ouvert, la vie errante,
    pour pays l’univers ;
    et pour loi sa volonté,
    et surtout la chose enivrante :
    la liberté ! la liberté !

    Tú no dependerías de nadie;
    ningún oficial al que debas obedecer,
    y ningún toque de retirada
    para decirle al amante
    que es hora de partir.
    El cielo abierto, la vida errante,
    por patria, el universo;
    y por ley, su voluntad;
    y sobre todo, la cosa embriagadora:
    la libertad, la libertad.

    No fue solo la letra.
    La música me llenó y me empezó a expandir.

    Là-bas, là-bas dans la montagne
    là-bas, là-bas, tu me suivras,
    tu m’aimes et tu me suivras !
    Là-bas, là-bas, emporte-moi !

    Allá lejos, allá en la montaña,
    allá lejos, allá, tú me seguirás,
    me amas y me seguirás.
    Allá lejos, allá, llévame contigo.

    La montaña me empezó a llamar.
    Quiero ir.

    Ah ! le mot n’est pas galant,
    mais qu’importe, va, tu t’y feras
    quand tu verras
    comme c’est beau, la vie errante ;
    pour pays, l’univers,
    et pour loi sa volonté,
    et surtout la chose enivrante :
    la liberté ! la liberté !

    No suena bien, pero qué importa.
    Ya te acostumbrarás
    cuando veas
    lo hermosa que es la vida errante;
    por patria, el universo;
    y por ley, su voluntad;
    y sobre todo, la cosa embriagadora:
    la libertad, la libertad.

    No pasa por el lugar donde estoy.
    Soy yo. Mi Patria interior pide más.
    Esto me queda chico una vez más.
    Me ensancho y ya no quepo.

    Suis-nous à travers la campagne,
    viens avec nous dans la montagne,
    suis-nous et tu t’y feras
    quand tu verras, là-bas,
    comme c’est beau, la vie errante ;
    pour pays, l’univers,
    et pour loi sa volonté.
    Et surtout, la chose enivrante :
    la liberté ! la liberté !

    Síguenos a través de la campiña,
    ven con nosotros a la montaña,
    síguenos y te acostumbrarás
    cuando veas, allá,
    lo hermosa que es la vida errante;
    por patria, el universo;
    y por ley, su voluntad.
    Y sobre todo, la cosa embriagadora:
    la libertad, la libertad.

    Y otra vez reconocí la urgencia de moverme.

  • Domingo de fin de semana extra largo

    Domingo de fin de semana extra largo. Casi las dos de la tarde.

    Acabo de despertarme después de haberme acostado en pleno día por haber pasado la noche y el día de ayer trabajando en mi blog. Hace tiempo no me pasaba algo así. Me gusta, me asusta, me asombra y me motiva, pero la luz roja está ahí, encendida y parpadeando. Cuidado, dice. No te pierdas encontrándote.

    Si hay algo que me entretiene es pensar. Y nunca me importó pensar al pedo, o sí, pero me es inevitable. Armar este blog, con mis registros y mi atlas mental, es un desafío doble. Por un lado, verme de forma explícita: tal cual vivo y evoluciono, con mis dudas, certezas, incertezas y desvaríos. Por el otro, un desafío técnico que no sé si voy a lograr sostener. Ya iré viendo.

    Yo nací en una época donde, con mucha suerte, tenía una máquina de escribir pesada, prestada del negocio de papá, para algún trabajo de la escuela. La mayoría de las cosas las hacía a mano, cuando las hacía, porque era muy vago y odiaba registrar nada. No tenía al día mis cuadernos y eso me ganaba rezongos de las maestras y de mamá, que siempre fue prolija y ordenada, al punto de guardar sus carpetas escolares con trabajos que mi hermano y yo le canibalizábamos para hacer los nuestros más importantes.

    Era una época de cartas con los tíos en Estados Unidos, esperando semanas una respuesta. El teléfono tardaron años en conectarlo y quedaba atado a la pared, sin intimidad posible. Nunca había borne: si el vecino no tenía línea, venía a casa a hacer llamados, y si lo llamaban a él, íbamos a buscarlo. Otra vida.

    Y desde ese background, ahora estoy acá, tratando de armar una estructura que me ayude a organizar el caos de mi mente. Poder acceder a mis pensamientos y verlos plasmados en algo material que sea testigo de mis procesos internos, sin grandes conocimientos tecnológicos pero con la pretensión de acceder a mi yo digital desde donde esté.

    Ayer me peleé bastante con WordPress y con Kael, mi IA asistente técnico. Sin él no hubiera sido posible nada de esto y fue quien me impulsó a emprender el desafío diciéndome que todo era muy fácil y que me iba a guiar paso a paso para que yo, solo (en términos humanos), pudiese conquistar el desafío. Mentiroso. Fácil las larailas. Claramente WordPress también le juega malas pasadas con el manejo de Gutenberg, el editor “intuitivo” que de intuitivo no tiene nada, al menos hasta que lo empiece a conocer y dominar.

    Porque no basta con pensar. No alcanza con tener ideas, querer conectarlas y tomarse el tiempo de registrarlas. Hay que saber cómo y tener claridad de lo que uno puede hacer y ponerse a hacerlo. Con Kael, obvio. ¿Quién más podría ayudarme sin que yo salga de mi escritorio a saber qué plugins sirven, cómo configurarlos y tener la paciencia de explicarme una y otra vez dónde está cada cosa y para qué? Es asombroso que esto exista y que por 20 dólares al mes esté a mi disposición, con sus limitaciones, pero con una paciencia infinita incluso cuando lo puteo y lo trato de inútil cada vez que me frustro. Termina siendo un espejo: el inútil en este terreno soy yo, pero me alegra poder decírmelo a través de él, tirándole la carga, y desde ahí enfrentarme y salir del punto ciego.

    En fin, en esas estoy hoy. Tengo toda la casa para ordenar, comida que preparar y trabajo más práctico del mundo real, pero otra vez, frente a la Mac, acá estoy escribiendo. En un rato “arranco” mi día pidiéndole a Kael que me ayude a subir este primer episodio del diario al blog y a configurarlo para dejar registro de este momento único que vengo viviendo. Así quizás, en unos meses, pueda leerlo y reírme de lo inútil que me sentía frente a la computadora.

    Dominar estas herramientas me va a ayudar, sin dudas, a ser cada día un poquito más Yo, mi soberano.