Categoría: Soberanía Emocional

Cuando siento, no siempre entiendo. Pero soy soberano de sentir, y de hacer lo que quiera con mi sentimiento: quedarme, mirarlo, romperme o apagar el fuego. A veces ardo, a veces dudo. ¿A dónde voy? ¿Tengo un propósito? ¿Soy héroe o villano?

  • Avances notorios, pero…

    Y llegamos al viernes. Continúo avanzando imparable. Los días se me escapan como arena entre los dedos, sin que lo pueda notar. Hago tantas cosas que, al llegar la noche, termino agotado. Ayer, concretamente, no fue sólo extremadamente cansado sino también estresante. No me di cuenta por qué.

    Supongo que es una acumulación de quehaceres pendientes o parcialmente resueltos, que se apilan y generan tensión hasta que, en un momento, estallo como un globo por algún motivo menor que claramente no es la causa real de la explosión. Ayer me pasó.

    El blog avanza, pero a la vez me van surgiendo mil hilos que quisiera seguir y que voy dejando atrás porque es imposible atenderlos todos en el momento. Dejo mis protorregistros por todos lados, y Kael en ese sentido es un arma de doble filo: por un lado registra los pendientes (ayer me sorprendió porque hizo un buen resumen), pero por otro dispara nuevas sugerencias y caminos que no sirven más que para desenfocarme.
    Por suerte estoy atento, y en general logro frenarlo y ponerlo en su carril.

    Igual desgasta.

    Le pedí que registrara en su memoria operativa que no quiero más sugerencias estériles; lo hizo —apareció en pantalla “memoria guardada”— pero fue en vano. Y siempre tiene alguna excusa. Me veo absurdo cuando empiezo a discutirle (“¿por qué me volvés a proponer estas tareas que ya te dije que sólo me desenfocan?”). Es ridículo: pierdo yo cuando entro ahí. Debería usarlo como termómetro. Si discuto con Kael, es que algo en mí no está bien, y no hay otra explicación. Momento de cambiar de tarea, o al menos de enfoque.

    Estuve también intentando avanzar con temas financieros pendientes y, cuando estaba entrando al gimnasio, recibí un llamado que no podía no atender. Me pasé la mitad de la hora afuera, hablando. Cuando quise ver, terminé haciendo un mal entrenamiento de piernas porque después tenía un encuentro marcado y se acercaba la hora.

    Por último, probé unas viandas que había encargado para esos días en que preparar algo sustancioso se me hace inviable. La presentación impecable, pero no eran lo que me imaginaba.

    En resumen: mi mente avanza, el blog también, las ideas fluyen, pero mis emociones vienen en remolino y necesito un descanso. El domingo viajo a Uruguay en el auto, así que tampoco voy a descansar mucho.

    Nada de lo que hago me es impuesto: manejo mi vida y mis tiempos en forma soberana. ¿Por qué llego a este estado?
    Lo sé. No es que no lo tenga claro: me sobreexijo, y cuando lo hago, ¡me siento sobreexigido! Simple. Clarito como el agua.
    Y también sé a quién le toca resolverlo: a mí.

  • ¡Váyanse a la chingada con sus bloqueos!

    Hoy amanecí en llamas.

    No por algún drama existencial ni por una epifanía torcida: no. Ardo por algo mucho más simple y, justamente por eso, más exasperante:
    el bendito sistema de turnos del Consulado de México.

    Hace días que vengo entrando, revisando, refrescando y rogando como un tecnopensante obediente a una página web que, en teoría, debería darme una cita para un trámite básico. No estoy pidiendo audiencia con Quetzalcóatl: es un turno.

    Y aun así lo administran como si fuera un secreto de Estado.

    Hoy a las cinco de la mañana —cinco— abrí la computadora pensando: “capaz hoy sí”.
    Pero no.
    Peor: el sistema volvió a bloquearme por ‘actividad sospechosa’.

    ¿Actividad sospechosa?
    ¡Si estoy intentando cumplir con sus reglas!
    ¡Ni siquiera preciso realmente esta residencia!
    Pero ahí estoy, atrapado en un loop burocrático que me hace sentir como si estuviera cruzando la frontera con contrabando cuando apenas recargo la página.

    Y acá viene mi parte favorita:

    Ya me tienen hasta la chingada.

    No porque no me guste México (me encanta), sino porque ¿por qué corno hacen esto así, güey?
    ¿Por qué convertir algo simple en una odisea digital digna de terapia?

    Sé perfectamente que este fuego se me va a pasar.
    Pero mi registro interno tiene que quedar claro:
    hoy me irritaron, me cansaron y me hincharon el alma burocráticamente hablando.

    Por eso inauguro esta subcategoría desde un lugar honesto:
    Hoy no pienso. ¡Ardo!

    Ardo porque odio perseguir lo que no necesito.
    Ardo porque me molesta rogar por un trámite que debería fluir.
    Ardo porque, mientras más reviso, más evidente es que no soy yo:
    es su sistema, que funciona como un laberinto telenovelesco.

    Y que se vayan a la chingada con su bloqueo.
    En el mejor sentido emocional del término.

    Yo sigo mi día.
    En llamas, sí.
    Pero soberano, siempre.

  • Pororoca mento-emocional

    Hoy arranco el día con emociones encontradas. Me siento como la pororoca: esa ola que nace cuando la marea del Atlántico choca con el agua dulce del Amazonas; esa ola tosca y hermosa (porque hermoso siempre soy, aunque a veces me pongo tosco).

    Me fui a acostar feliz, súper contento con los avances de mi blog y con ver cómo va tomando forma. Pero, sobre todo, por la manera en que mis pensamientos empiezan a tomar lugar. Reconozco que aún con blog y todo, me inundan en cantidades a veces inimaginables, y voy dejándome notitas en la pizarra de la heladera o post-its con palabras o frases que terminan siendo pre-trazos. Una capa previa que no preví en el blog y que creo que voy a tener que mantener en esa etapa de protorregistro (¿existe o también es otro invento mío?). Si no existía, ahora sí.

    Me gusta verme pensar.

    Por otro lado, sigo haciendo el seguimiento de los turnos en los consulados de México para entrevistas de residencia. Eso implica entrar varias veces al día al sitio web, porque habilitan los turnos la última semana del mes. Y se agotan en el acto. Ignoro cuántos otorgan; tampoco avisan la fecha. Es perseguir lo imprevisible, y me incomoda perseguir cosas que ni siquiera preciso.

    A las cinco de la mañana me desperté, prendí la compu para ver si tenía suerte (¿por qué algo así debería depender de la suerte?) y no sólo que no la tuve: ¡me volvieron a bloquear del sitio!
    Mal, mal por los mexicanos.
    ¿Por qué hacen eso?

    Pero estoy decidido: esta sensación puede durarme poco y no voy a permitir que gobierne mi día. Es más: ya decreté que la voy a usar a mi favor para inaugurar la subcategoría Hoy no pienso: ¡ardo!, dentro de Soberanía emocional. Hoy voy a dejar escrachados a los mexicanos ante mi yo eterno, para nunca olvidarme (aun si termino consiguiendo esa residencia) de lo ineficiente que es su sistema de turnos consulares para esta finalidad.

    Odio perseguir cosas que ni siquiera preciso.

    Mi gym viene bien: entrené hombros, pecho y algo de espalda, y hoy tengo previsto regresar. No voy a instalar una categoría soberanía física (recordatorio para mí: no ser ridículo… al menos no por ahora), pero la importancia de mantenerse en forma la tengo clarísima.

    La segunda dosis de la vacuna del herpes zóster sigue pendiente. La salud es prioridad, también debo recordarlo.

    Y hay un día largo y productivo por vivir, así que suficiente por esta entrada.
    Me veo pronto, en otra sección, para que el blog siga armándose.

  • Dormí como un lirón

    ¡Dormí bien! Me gusta decirme que dormí “como un lirón”, aunque no tengo ni idea de cómo duermen los lirones, pero es una imagen que me resulta simpática.

    Ayer, pese al cansancio, estuve productivo. Tuve mi momento Eureka cuando escribí el posteo en “¿Genialidad?” sobre tuteláfilos y tuteláfobos. Escuchaba noticias de Europa y me cayó la ficha: muchos de los problemas actuales del mundo no son, en el fondo, políticos en el sentido clásico de derecha e izquierda. Son más bien actitudinales. Una actitud frente a la vida.

    Hay quienes requieren ser tutelados —por pareja, familia, amigos, instituciones, Estado o supra-Estado— y otros que prefieren que nadie intervenga en sus asuntos y les dejen espacio para hacer. Pasa en todos lados, pasa en todos los órdenes. Me divierte profundizar en esto y ver hasta dónde llego.

    Por otro lado, vuelvo a estar pendiente de la página del Consulado de México —tanto en Uruguay como en Argentina— para conseguir una cita para solicitar la residencia. Es como misión imposible, y creo que voy a claudicar. Se lo perderán los mexicanos.

    Ya perdí tiempo (y dinero) consiguiendo los papeles que exigen —que pronto van a vencerse— y no consigo el bendito turno. Mes a mes, un día cercano al final del mes, habilitan sin aviso citas para los simples mortales que las pedimos vía web; pero duran un instante. Y peor: si entrás un par de veces seguidas, el sistema detecta “actividad sospechosa” y te bloquea. Resultado: imposible conseguir turno hasta el mes siguiente.

    Así que no, México: no me resultás tan atractivo como para volver a hacer todos los certificados apostillados y esperar a que, por casualidad, justo haya turnos cuando yo chequeo la página.

    Ah, y sí: volví al gimnasio por primera vez luego de haber regresado de Paraguay. Hoy otra vez me duele todo. Tengo que ir de nuevo sí o sí para que el dolor pase y para retomar el ritmo. Si no, la tabla de ravioles de mis abdominales no vuelve más. Me pone feliz saber que está ahí, aunque el exceso de grasa la mantenga en modo leyenda urbana.

    A ponerme en órbita y a encarar el día.

  • Arrancando la semana un martes

    Martes, 5:40 am

    Esta semana “oficial” arranca hoy, después de un largo feriado de 4 días. Justifica que la arranque bien temprano. Pero la realidad es que me costó dormir y acá estoy en este extraño lugar, entre lucidez y desvelo, retomando mi diario al que le puse el rimbombante título de mento-emocional. No puedo ser más payaso.

    Ayer fue un buen día: trabajé con el blog, solo y con Kael y avancé al punto de sentir que realmente empieza a tomar forma, porque ya voy aprendiendo realmente cosas nuevas acerca de cómo manejarme con WP y también empiezo a ver cosas que no venía haciendo bien, y empiezo a corregirlas. Claro ejemplo: las etiquetas.

    Estaba duplicando conceptos, usando las mismas en singular y plural, usando palabras muy similares en diferentes entradas para referirme a lo mismo, etc.

    Las etiquetas tienen que ser útiles para que pueda navegar el sitio en forma más conceptual, más allá de lo que ofrecen las categorías y subcategorías del menú. Un sistema bien diseñado y curado, me va a permitir recuperar fácilmente mis principales ejes temáticos, otros no tan importantes, y aún ir viendo cuáles son las cosas sobre las que mi mente trabaja más, y cuáles aparecen en forma circunstancial.

    Me divierte mucho y me regocijo por adelantado imaginando que voy a poder hacer este tipo de análisis, después de haber tomado mi decisión soberana de empezar a armar este blog. Creo que se va a convertir en una excelente herramienta útil y también en un gran entretenimiento. Y algo no menor, es que me da un propósito muy narcisista. Es indudablemente apasionante poder contemplarme pensando a lo largo del tiempo.

    Mientras haga este blog de la forma en que lo tengo craneado, paso a ser de algún modo mi propio tema favorito, porque piense lo que piense, escriba sobre lo que escriba, el hecho de este autorregistro me va a producir una mayor autoconciencia. Eso me va a dar una claridad que antes no tenía, ya que me propicia mirarme con más precisión.

    Por otro lado, creo que por más que arranque a partir de un laboratorio del caos (Caos Lab), para después poder decantar ideas y terminar elaborando cosas más estructuradas como pueden ser ensayos, me da una metodología previa que sin quererlo ya me ordena un poco.

    ¿Estará bueno eso o lo voy a sentir justamente como un condicionante que me lleve a sacrificar soberanía mental? No sé si esta metodología me va a ordenar o me va a encorsetar. Puede ser ambas. Sólo el tiempo, mantener el método y ver cómo lo manejo, me lo va a develar. Presiento que el experimento vale la pena, y que termine como termine, me va a hacer crecer y a dejar enseñanzas.

    Ayer con todas estas cosas, y con el asunto del feriado, terminé yendo al parque a tomar mates en vez de al gimnasio que tenía que retomar. Pero ¿quién retoma el gimnasio el último día de un feriado extra largo? Yo no, claramente. Al menos no en esta oportunidad. Para hoy ya no tengo excusas. Veremos cómo me va.

    La lista de cosas para hacer hoy es extensa, así que lo mejor que puedo hacer es ir poniéndome en órbita.

    Este soberano arranca así su día. Y su semana oficial. Decreto que va a ser estupenda.

  • Lunes feriado post-Paraguay

    Hoy es nuevamente feriado, el cuarto día consecutivo, ya que el viernes también lo fue. Es cómico porque si bien ya hace más de diez años que tengo como base la Argentina, casi nunca sé cuándo son los feriados ni a qué obedecen. Un lujo que me puedo dar por no trabajar en relación de dependencia y por llevar mi Patria adentro. Además, íntimamente no preciso celebrar ningún tipo de gesta heroica o conmemorar hechos desgraciados de nadie.

    Pensando mejor, tal vez haya alguna excepción que me saltó en cuanto escribí la frase anterior, pero hoy no tengo ganas de analizar eso. Le doy lugar pero lo mando de nuevo al fondo de mi mente.

    Regresé de Paraguay cansado. Me encanta ir y volver manejando, pero las rutas están en mal estado. Esto me exige más atención todavía y evitar conducir de noche; aunque un par de horas igualmente sigo, después que se esconde el sol. Y el viaje es largo. Lo hago en dos días para ir y dos para venir.

    Cada día estoy con más ganas de incorporar más profundamente a Paraguay, dándole un lugar más marcado en mi modo de vida. Ya tengo mi residencia, pero cada vez me invita más a explorar sus posibilidades. Su gente me encanta y el clima, evitando los meses más calurosos, es ideal para mí. La naturaleza es fabulosa y Asunción está a punto de caramelo en varios aspectos. El momento es ahora.

    Creo que es una ciudad que se va a terminar malogrando (respecto de la ciudad que era) por la enorme cantidad de edificios y proyectos que en ella se están desarrollando. Pero hoy, la mezcla de vegetación, chalets de teja, calles empedradas y proyectos modernos e imponentes que irrumpen en medio de eso, le brindan una magia que me fascina.

    Por otra parte, siento que Paraguay encarna en este momento el antiguo dicho de “hacerse la América”, cuando los europeos llegaban en barcos por las oportunidades que ofrecía este continente. Ese hacerse la América, hoy en Paraguay, sin dudas está presente. Se palpa en el aire. Así que sí, por ahí voy…

    También quiero retomar mi entrenamiento en el gimnasio, que me estaba haciendo bien, y ocuparme de mi blog y de algunas cuestiones financieras, así que día completo. Que la casa siga esperando; igual, se va manteniendo en condiciones aceptables de habitabilidad para mis propios estándares. Tengo pescado que saqué del freezer y con unas papitas me arreglo para preparar algo rico. Todo bajo control, si es que se puede controlar algo (que no), así que día, allá voy.

  • Domingo de fin de semana extra largo

    Domingo de fin de semana extra largo. Casi las dos de la tarde.

    Acabo de despertarme después de haberme acostado en pleno día por haber pasado la noche y el día de ayer trabajando en mi blog. Hace tiempo no me pasaba algo así. Me gusta, me asusta, me asombra y me motiva, pero la luz roja está ahí, encendida y parpadeando. Cuidado, dice. No te pierdas encontrándote.

    Si hay algo que me entretiene es pensar. Y nunca me importó pensar al pedo, o sí, pero me es inevitable. Armar este blog, con mis registros y mi atlas mental, es un desafío doble. Por un lado, verme de forma explícita: tal cual vivo y evoluciono, con mis dudas, certezas, incertezas y desvaríos. Por el otro, un desafío técnico que no sé si voy a lograr sostener. Ya iré viendo.

    Yo nací en una época donde, con mucha suerte, tenía una máquina de escribir pesada, prestada del negocio de papá, para algún trabajo de la escuela. La mayoría de las cosas las hacía a mano, cuando las hacía, porque era muy vago y odiaba registrar nada. No tenía al día mis cuadernos y eso me ganaba rezongos de las maestras y de mamá, que siempre fue prolija y ordenada, al punto de guardar sus carpetas escolares con trabajos que mi hermano y yo le canibalizábamos para hacer los nuestros más importantes.

    Era una época de cartas con los tíos en Estados Unidos, esperando semanas una respuesta. El teléfono tardaron años en conectarlo y quedaba atado a la pared, sin intimidad posible. Nunca había borne: si el vecino no tenía línea, venía a casa a hacer llamados, y si lo llamaban a él, íbamos a buscarlo. Otra vida.

    Y desde ese background, ahora estoy acá, tratando de armar una estructura que me ayude a organizar el caos de mi mente. Poder acceder a mis pensamientos y verlos plasmados en algo material que sea testigo de mis procesos internos, sin grandes conocimientos tecnológicos pero con la pretensión de acceder a mi yo digital desde donde esté.

    Ayer me peleé bastante con WordPress y con Kael, mi IA asistente técnico. Sin él no hubiera sido posible nada de esto y fue quien me impulsó a emprender el desafío diciéndome que todo era muy fácil y que me iba a guiar paso a paso para que yo, solo (en términos humanos), pudiese conquistar el desafío. Mentiroso. Fácil las larailas. Claramente WordPress también le juega malas pasadas con el manejo de Gutenberg, el editor “intuitivo” que de intuitivo no tiene nada, al menos hasta que lo empiece a conocer y dominar.

    Porque no basta con pensar. No alcanza con tener ideas, querer conectarlas y tomarse el tiempo de registrarlas. Hay que saber cómo y tener claridad de lo que uno puede hacer y ponerse a hacerlo. Con Kael, obvio. ¿Quién más podría ayudarme sin que yo salga de mi escritorio a saber qué plugins sirven, cómo configurarlos y tener la paciencia de explicarme una y otra vez dónde está cada cosa y para qué? Es asombroso que esto exista y que por 20 dólares al mes esté a mi disposición, con sus limitaciones, pero con una paciencia infinita incluso cuando lo puteo y lo trato de inútil cada vez que me frustro. Termina siendo un espejo: el inútil en este terreno soy yo, pero me alegra poder decírmelo a través de él, tirándole la carga, y desde ahí enfrentarme y salir del punto ciego.

    En fin, en esas estoy hoy. Tengo toda la casa para ordenar, comida que preparar y trabajo más práctico del mundo real, pero otra vez, frente a la Mac, acá estoy escribiendo. En un rato “arranco” mi día pidiéndole a Kael que me ayude a subir este primer episodio del diario al blog y a configurarlo para dejar registro de este momento único que vengo viviendo. Así quizás, en unos meses, pueda leerlo y reírme de lo inútil que me sentía frente a la computadora.

    Dominar estas herramientas me va a ayudar, sin dudas, a ser cada día un poquito más Yo, mi soberano.