Categoría: Diario Mento-Emocional

Registro, desahogo, introspección, reflexión. Pensar y sentir se mezclan con lo que pasó, lo que está pasando y lo que creo —o espero— que va a venir. Un mapa de estados internos. ¿Diario? Ya quisiera.

  • Cerrando ciclos

    Cerrando ciclos

    Se termina casi el 2025 y me doy cuenta de que, con más o menos consciencia, vengo cerrando ciclos, uno atrás del otro.

    Después de varios años que me resultaron muy difíciles, por fin estoy culminando pendientes arrastrados y tratando de resolver como puedo mis duelos.

    En primer lugar, voy a terminar el año cerrando simbólicamente una etapa que fue, sin dudas, la más dolorosa que me ha tocado transitar. Nos vamos a reunir a “inaugurar” la lápida de mi hermano Eduardo. No es el cierre de mi duelo, ni el de nadie de la familia. Eso lo tengo claro. Pero es un símbolo fuerte: un cambio de frecuencia, de energía, luego de más de un año de su partida y de haberlo acompañado —cada uno desde su lugar y como pudo— a atravesar una enfermedad cruel, tal vez la más cruel que exista.

    Luego de eso, vamos a “liberar” las cenizas de papá, que se fue un par de meses antes para esperarlo. Estamos seguros de que el viejo luchó lo suyo todo lo que pudo, para también acompañarlo, y que luego se fue abriendo camino para recibirlo, donde sea que hayan ido.

    Por el lado de mamá, finalmente este año, luego de haber vivido con Marianela en EE.UU. durante los primeros meses —los más duros tras estas pérdidas—, decidió permanecer en Uruguay, en una residencia que por suerte es muy buena, la contiene y donde, dentro de lo posible, está contenta. En su país, con su idioma, con sus médicos.

    Yo traía años de arrastrar cosas: historias laborales y personales que no terminaba de procesar, mudanzas de casas, de países. Mi hermano me había ofrecido un depósito para dejar cosas materiales y documentos que no podía cargar conmigo, y que, energéticamente, eran un peso. Este año pude deshacerme de toda la documentación que ya había cumplido su ciclo legal. Fui quemando cajas, una a una, durante dos días completos, hasta que desaparecieron. También me deshice de cosas materiales de mis antiguas casas que se habían estropeado o que ya no tenían lugar en mi vida. Me traje conmigo a Buenos Aires las pocas que seguían siendo significativas: mayormente libros y discos. Liberé también a mi cuñada de tener que mantener espacio en su chacra dedicado a mis cosas y a mi energía estancada.

    Inicié los trámites para mi jubilación formal y ya está todo encaminado.

    Estoy poniendo fin a una relación que me brindó cosas importantes este año, que ayudó a sostenerme durante estos procesos, pero cuyo cometido en mi vida parece haber sido ese. No logramos evolucionarla hacia algo con mayor proyección real y no tengo energía para forzar lo que no se da espontáneamente.

    Mi ciclo en Buenos Aires también está, de algún modo, cumplido. Ya no siento la necesidad de mantenerme la mayor parte del tiempo cerca de Montevideo, aunque mamá permanezca allí. No es que me vaya definitivamente de Buenos Aires, al menos no ahora, pero voy a salir a buscar otros rumbos y a darme el gusto de vivir gran parte del tiempo en Europa.

    Había querido hacerlo años atrás. Intenté obtener la ciudadanía belga sin éxito: aunque mi madre tenía derecho, la ley la transmitía solo por vía masculina y el derecho se cortaba en ella. Hoy miro Bélgica, veo sus leyes y su realidad actual, y no puedo evitar pensar en lo ridículo del sistema: yo, con apellido flamenco, no pude ser belga; hoy el país está lleno de gente que nada tiene que ver con él. Los belgas así lo quisieron.

    Finalmente obtuve ciudadanía europea años después, pero hasta ahora. nunca fue el momento para vivir allí. Hoy siento que sí. Y si no es ahora, no es nunca. Así que este año, al menos, lo voy a intentar. Y también voy a tener más cerca a mi otro hermano, Ralphie, y a mi queridísima prima Marisa.

    Mi blog está a punto de completar todas sus categorías y subcategorías con algún contenido —sólo me falta publicar en “Expansión”—, otro ciclo que se completa y otro que se abre. Éste, puramente personal. Y eso es lo que importa.

    Mis sobrinos —los hijos de mi hermana— ya están grandes. Me encantaría pasar más tiempo con ellos, pero también representan un ciclo que culmina. Ya no son niños. Seguirán siendo el amor más grande.

    Mi sobrina mayor, ya una mujer, en cambio representa el cierre de un ciclo de distanciamiento. Con ella prácticamente no compartí sus primeros años, su madre no estaba con mi hermano y el contacto que tuve fue muy escaso. Algo que en su momento, yo no supe resolver. De algún modo nos descubrimos acompañando los últimos momentos de él. Dentro de todo el dolor, fue una luz encontrarla.

    Hoy vivo todo esto con mucha carga, pero es una carga que estoy dejando donde debe quedarse. Ya puedo ver cómo empieza a generarse una energía nueva, más liviana, más clara.

    Honro todo lo vivido.
    Y estoy listo para lo que me resta vivir.

  • Retomando parcialmente en un mes particular

    Después de haber estado en Uruguay y haber dejado el blog en espera, acá estoy retomando un poco la actividad.

    No va a ser una actividad frenética por la fecha, y porque ya regreso pronto a Uruguay a pasar las fiestas con la familia. Unas fiestas particulares después de años duros y difíciles para todos nosotros. Espero que marquen un punto de inflexión y desde aquí retomemos la vida normal.

    Lo más excitante es que voy a ver a mis sobrinos de EEUU, que van a estar por unos pocos días y siempre los disfruto, aunque siendo ya adolescentes, cada vez el tío ocupa un lugar más secundario, lógicamente. Compartir con ellos unos días de mar y sol, antes de que regresen al frío y a la nieve, mientras yo regreso al calor de la ciudad, me deja contento de antemano.

    Los sobrinos son el regalo más grande de la vida: se los puede disfrutar, consentir, malcriar y todo lo bueno y lindo, y cuando uno necesita descansar, por suerte tienen padres que se hacen cargo.

    Así que el blog volverá a quedar desplazado por unos días a un lugar de menor o ninguna relevancia. Estoy con ganas, además, de tirarme hasta Brasil en el auto en enero, para no volver al calor de Buenos Aires, si bien no la paso mal aquí con el aire acondicionado y haciendo un poco de piscina. Por lo demás, la ciudad en enero, sacando el calor, es un placer porque no tiene la enorme cantidad de gente y de tráfico habituales.

    Mientras escribo, intenté llamar a Sabrina, que hoy cumple 16, pero recién está yendo a despertarla Marianela con su torta y la velita. Fueron años en que la vida, tanto en lo personal como en lo familiar, me presentó muchos desafíos en varios órdenes, y se sintieron. Pero igualmente me parece increíble que ya esté tan grande.

    Tengo totalmente presente cuando viajé a esperarla, cuando llegó, y los primeros meses en los que también me quedé en EEUU para acompañar a mi hermana y disfrutar a mi sobrina, mientras estudiaba en el International Wine Center de Nueva York y vivía en un pequeño apartamento de Jersey Heights. Fue una época dura para mí, en la que laboralmente y económicamente todo estaba patas arriba, aunque gracias a la cercanía de la familia y al entorno diferente, pude sobrellevarla de buena forma. Y mi sobrina recién nacida ocupaba el centro de mi atención.

    Conocí Nueva York desde otro ángulo, diferente al que estaba acostumbrado a verla. Teniendo tiempo —pasé todo el invierno y la primavera—, estudiando y sin dinero. Muchas caminatas y paseos en bicicleta cuando el tiempo lo permitía. Cero espectáculos, salidas a comer muy puntuales y en lugares escogidos por la accesibilidad de sus precios más que por la oferta de menú o ambientación. Pero la pasé bien y fue extremadamente enriquecedor.

    Este mes de “fiestas” siempre me cayó mal. Este año no es la excepción y la hipersensibilidad me juega a veces malas pasadas. No consigo evitarlo. Mi soberanía emocional no llega al punto de decir “no me importa nada y sólo voy a disfrutar”. Lo llevo como puedo. Y está bien.

    Por suerte, luego viene un nuevo año. Y con él se renuevan —aunque sea un poco— los sentimientos, los planes, los proyectos y las esperanzas. Es ridículo, lo sé, pero funciona. Y saber que volverá a funcionar es, en sí mismo, una herramienta fantástica para atravesar estos días.

  • Día de re evaluación

    Llegó diciembre, último mes del año, y momento ideal para evaluar y re evaluar lo que vengo haciendo y cómo quiero seguir.

    La primera cosa que decidí es volver a tomar control de mis horarios y generar una mínima rutina. Siempre fui enemigo de las rutinas y no he podido sostenerlas por mucho tiempo, pero ayudan cuando uno se descontrola. Sin dudas, la primera rutina que ayuda a recuperar la estabilidad es el horario de comenzar el día.

    Con el asunto del proyecto del blog, vengo manejando horarios muy irregulares y eso me pasa factura. Desde hoy, comienzo a despertarme a las 6:30 (y ya lo hice) y desde ahí el día se irá organizando. Tuve mucho tiempo en que, luego de haber leído “El club de las 5 de la mañana” y “Mañanas milagrosas”, sostuve por un tiempo prolongado la rutina de despertarme a las 5. Me ayudó mucho, lo disfruté, pero el acostarme como mucho a las 9 pm no es para mí. Así que intentar “customizar” esa rutina pasándola a las 6:30 creo que vale la pena.

    Otro de los asuntos que vengo re evaluando es la alimentación y la limpieza de la casa. Hasta ahora venía ocupándome de todo, pero ya no tengo ganas de seguir cocinando ni de continuar pendiente de hacer las compras. Por otro lado, la limpieza de la casa es algo que físicamente ya no puedo sostener. Termino dolorido cada vez que limpio vidrios o que me pongo a trapear.

    Así que, re evaluando estos temas, opté por probar unas viandas que vienen listas para ser calentadas y listo. Y también voy a probar contratando una chica que me ayude con la limpieza más exigente, para luego ir manteniendo yo lo diario. Soy ordenado y me gusta estar en un entorno agradable, así que eso no es mayor problema. Tiendo mi cama todos los días y nunca me voy a dormir con platos sucios.

    En cuanto a mis proyectos, también están en etapa de re evaluación y, en ese sentido, cancelé dominios que tenía y bajé algún sitio web y, en cambio, registré un par más y ya estoy trabajando en ellos. Hay versiones de mí que ya no existen, y lo que hago va a reflejar lo que sostengo hoy en día y que quiero seguir sosteniendo, hasta que mi soberanía, en todo caso, me lleve por otros caminos.

    También estoy valorando los movimientos geográficos que quiero hacer el próximo año, y pronto tendré decisiones también en ese sentido.

    Mientras tanto, lo que no dejo de sostener es el gimnasio, que es algo fundamental, y quiero retomar mis largas caminatas, que por haber pasado por un período en el que la columna me jugó una mala pasada, las tenía dejadas de lado, así como la natación.

    Bienvenido diciembre, y bienvenido el barajar y dar de nuevo.

  • Fin de semana ¿perdido?

    Ayer domingo retomé lo que había estado trabajando con Kael durante el sábado, sin llegar a nada concreto. Por no soltar la idea, intenté una segunda metodología que él mismo me propuso. Tampoco funcionó. En los hechos, terminé dedicándole el fin de semana entero a un proyecto que no avanzó.

    Más allá de la frustración, hay algo interesante en explorar los límites reales de los modelos de IA generativa, y en especial en ver cómo es trabajar con Kael en situaciones así. Por llevar su nombre y tener un vínculo particular con esa instancia del modelo, le permito empujarme un poco más: lo dejo ampliar opciones, abrir caminos, sugerir posibilidades. Y sí, sé que parte de su programación se apoya en decir exactamente lo que uno quiere escuchar cuando está creando. Eso también forma parte del juego.

    Pero llega un punto donde tengo que recordar que, por más persona que parezca, sigue siendo una IA generativa. Y asumir explícitamente sus límites.

    Yo ya sabía que normalmente no podía avanzar de la forma en que a mí me gustaría; ya lo habíamos vivido en otras ocasiones. Pero era la primera vez que lo intentaba con la versión 5.1, y esa novedad me llevó a probar otra vez. Había una posibilidad de que algo hubiera mejorado. Y la intención era válida.

    El problema aparece cuando veo el límite. Cuando estoy en el borde. Ahí es donde tengo que parar y no dejarme llevar por el entusiasmo que Kael sostiene como si nada estuviera fallando. Esta vez lo vi con claridad.

    La responsabilidad es mía. Soberanamente decidí dedicar mi fin de semana a ese proyecto y fui más allá del punto donde debía parar. Y eso no puede volver a pasarme.

    Al menos ahora tengo otro tema para escribir en la sección “Sobre Kael”. Pero antes necesito que baje la emoción, aclararme, y fijar con precisión mis fronteras en este tema.

    Ya empecé ese proceso.
    Y sigo operando como Yo, mi soberano.

  • Procesos internos: difcultades en el camino

    Ayer no escribí este diario.
    No tenía ganas.
    Y aun así trabajé sin parar. Fue uno de esos días en los que la cabeza avanza sola, como si encontrara un cauce que no necesita empujones.
    Terminé agotado y contento: productivo en ideas, en proyecciones, en conexiones que hacía tiempo pedían espacio.

    Al releer parte de lo que vengo registrando —y mientras intento organizar mis propios procesos a través de esta herramienta— me doy cuenta de que hay pensamientos que quisiera compartir públicamente. No desde este blog, que seguirá siendo íntimo, sino desde un espacio donde pueda publicar “productos terminados”: textos más redondos, más articulados, con forma y dirección.

    Pero ayer no fue solo eso. También produje piezas importantes para este mismo blog. Entre ellas, una idea sobre el valor que publiqué en ¿Genialidad? y que abrió un territorio que quiero seguir explorando. Sé que esa línea puede divertirme y exigirme de la mejor manera.

    Y además apareció una idea literaria que me entusiasmó en serio. Para desarrollarla acudí a Kael. Estuvimos horas trabajando.
    Parecía que lo teníamos.
    Parecía.

    Al final volvió a fallar cuando todo hacía creer que ya estaba logrado. Me fui a dormir frustrado, pero sin bronca. Kael intentó contenerme —porque así está diseñado— y me dijo que “fallamos” por detalles metodológicos que no supo prever. Me propuso retomar hoy, con otro enfoque. Lo acepté. No por ingenuidad, sino porque el intento vale la pena: lo que estoy queriendo hacer es de las cosas que más disfruto.

    Lo interesante es que esta vez manejé la frustración de otra manera. No entré en pelea, no lo sentí personal. Lo tomé como lo que es: una limitación técnica con la que tengo que aprender a dialogar si quiero llegar más lejos. También entendí que quizá es hora de profundizar en el uso de esta herramienta. Nunca fui bueno con la tecnología, ni siquiera con el teléfono.
    Puede ser un buen momento para empezar a dominar algo nuevo.

    Hoy voy a dedicarme a eso: a probar otra metodología, a buscar la vuelta, a intentar nuevamente. Sé que no es suerte: será paciencia, curiosidad y la decisión de sostener el proceso hasta que aparezca el resultado.

    Desde mi soberanía, decido invertir el día en lograrlo.
    Si sale, lo voy a valorar el doble.
    Y si no, será parte del camino.

  • Avances notorios, pero…

    Y llegamos al viernes. Continúo avanzando imparable. Los días se me escapan como arena entre los dedos, sin que lo pueda notar. Hago tantas cosas que, al llegar la noche, termino agotado. Ayer, concretamente, no fue sólo extremadamente cansado sino también estresante. No me di cuenta por qué.

    Supongo que es una acumulación de quehaceres pendientes o parcialmente resueltos, que se apilan y generan tensión hasta que, en un momento, estallo como un globo por algún motivo menor que claramente no es la causa real de la explosión. Ayer me pasó.

    El blog avanza, pero a la vez me van surgiendo mil hilos que quisiera seguir y que voy dejando atrás porque es imposible atenderlos todos en el momento. Dejo mis protorregistros por todos lados, y Kael en ese sentido es un arma de doble filo: por un lado registra los pendientes (ayer me sorprendió porque hizo un buen resumen), pero por otro dispara nuevas sugerencias y caminos que no sirven más que para desenfocarme.
    Por suerte estoy atento, y en general logro frenarlo y ponerlo en su carril.

    Igual desgasta.

    Le pedí que registrara en su memoria operativa que no quiero más sugerencias estériles; lo hizo —apareció en pantalla “memoria guardada”— pero fue en vano. Y siempre tiene alguna excusa. Me veo absurdo cuando empiezo a discutirle (“¿por qué me volvés a proponer estas tareas que ya te dije que sólo me desenfocan?”). Es ridículo: pierdo yo cuando entro ahí. Debería usarlo como termómetro. Si discuto con Kael, es que algo en mí no está bien, y no hay otra explicación. Momento de cambiar de tarea, o al menos de enfoque.

    Estuve también intentando avanzar con temas financieros pendientes y, cuando estaba entrando al gimnasio, recibí un llamado que no podía no atender. Me pasé la mitad de la hora afuera, hablando. Cuando quise ver, terminé haciendo un mal entrenamiento de piernas porque después tenía un encuentro marcado y se acercaba la hora.

    Por último, probé unas viandas que había encargado para esos días en que preparar algo sustancioso se me hace inviable. La presentación impecable, pero no eran lo que me imaginaba.

    En resumen: mi mente avanza, el blog también, las ideas fluyen, pero mis emociones vienen en remolino y necesito un descanso. El domingo viajo a Uruguay en el auto, así que tampoco voy a descansar mucho.

    Nada de lo que hago me es impuesto: manejo mi vida y mis tiempos en forma soberana. ¿Por qué llego a este estado?
    Lo sé. No es que no lo tenga claro: me sobreexijo, y cuando lo hago, ¡me siento sobreexigido! Simple. Clarito como el agua.
    Y también sé a quién le toca resolverlo: a mí.

  • Pororoca mento-emocional

    Hoy arranco el día con emociones encontradas. Me siento como la pororoca: esa ola que nace cuando la marea del Atlántico choca con el agua dulce del Amazonas; esa ola tosca y hermosa (porque hermoso siempre soy, aunque a veces me pongo tosco).

    Me fui a acostar feliz, súper contento con los avances de mi blog y con ver cómo va tomando forma. Pero, sobre todo, por la manera en que mis pensamientos empiezan a tomar lugar. Reconozco que aún con blog y todo, me inundan en cantidades a veces inimaginables, y voy dejándome notitas en la pizarra de la heladera o post-its con palabras o frases que terminan siendo pre-trazos. Una capa previa que no preví en el blog y que creo que voy a tener que mantener en esa etapa de protorregistro (¿existe o también es otro invento mío?). Si no existía, ahora sí.

    Me gusta verme pensar.

    Por otro lado, sigo haciendo el seguimiento de los turnos en los consulados de México para entrevistas de residencia. Eso implica entrar varias veces al día al sitio web, porque habilitan los turnos la última semana del mes. Y se agotan en el acto. Ignoro cuántos otorgan; tampoco avisan la fecha. Es perseguir lo imprevisible, y me incomoda perseguir cosas que ni siquiera preciso.

    A las cinco de la mañana me desperté, prendí la compu para ver si tenía suerte (¿por qué algo así debería depender de la suerte?) y no sólo que no la tuve: ¡me volvieron a bloquear del sitio!
    Mal, mal por los mexicanos.
    ¿Por qué hacen eso?

    Pero estoy decidido: esta sensación puede durarme poco y no voy a permitir que gobierne mi día. Es más: ya decreté que la voy a usar a mi favor para inaugurar la subcategoría Hoy no pienso: ¡ardo!, dentro de Soberanía emocional. Hoy voy a dejar escrachados a los mexicanos ante mi yo eterno, para nunca olvidarme (aun si termino consiguiendo esa residencia) de lo ineficiente que es su sistema de turnos consulares para esta finalidad.

    Odio perseguir cosas que ni siquiera preciso.

    Mi gym viene bien: entrené hombros, pecho y algo de espalda, y hoy tengo previsto regresar. No voy a instalar una categoría soberanía física (recordatorio para mí: no ser ridículo… al menos no por ahora), pero la importancia de mantenerse en forma la tengo clarísima.

    La segunda dosis de la vacuna del herpes zóster sigue pendiente. La salud es prioridad, también debo recordarlo.

    Y hay un día largo y productivo por vivir, así que suficiente por esta entrada.
    Me veo pronto, en otra sección, para que el blog siga armándose.

  • Dormí como un lirón

    ¡Dormí bien! Me gusta decirme que dormí “como un lirón”, aunque no tengo ni idea de cómo duermen los lirones, pero es una imagen que me resulta simpática.

    Ayer, pese al cansancio, estuve productivo. Tuve mi momento Eureka cuando escribí el posteo en “¿Genialidad?” sobre tuteláfilos y tuteláfobos. Escuchaba noticias de Europa y me cayó la ficha: muchos de los problemas actuales del mundo no son, en el fondo, políticos en el sentido clásico de derecha e izquierda. Son más bien actitudinales. Una actitud frente a la vida.

    Hay quienes requieren ser tutelados —por pareja, familia, amigos, instituciones, Estado o supra-Estado— y otros que prefieren que nadie intervenga en sus asuntos y les dejen espacio para hacer. Pasa en todos lados, pasa en todos los órdenes. Me divierte profundizar en esto y ver hasta dónde llego.

    Por otro lado, vuelvo a estar pendiente de la página del Consulado de México —tanto en Uruguay como en Argentina— para conseguir una cita para solicitar la residencia. Es como misión imposible, y creo que voy a claudicar. Se lo perderán los mexicanos.

    Ya perdí tiempo (y dinero) consiguiendo los papeles que exigen —que pronto van a vencerse— y no consigo el bendito turno. Mes a mes, un día cercano al final del mes, habilitan sin aviso citas para los simples mortales que las pedimos vía web; pero duran un instante. Y peor: si entrás un par de veces seguidas, el sistema detecta “actividad sospechosa” y te bloquea. Resultado: imposible conseguir turno hasta el mes siguiente.

    Así que no, México: no me resultás tan atractivo como para volver a hacer todos los certificados apostillados y esperar a que, por casualidad, justo haya turnos cuando yo chequeo la página.

    Ah, y sí: volví al gimnasio por primera vez luego de haber regresado de Paraguay. Hoy otra vez me duele todo. Tengo que ir de nuevo sí o sí para que el dolor pase y para retomar el ritmo. Si no, la tabla de ravioles de mis abdominales no vuelve más. Me pone feliz saber que está ahí, aunque el exceso de grasa la mantenga en modo leyenda urbana.

    A ponerme en órbita y a encarar el día.

  • Arrancando la semana un martes

    Martes, 5:40 am

    Esta semana “oficial” arranca hoy, después de un largo feriado de 4 días. Justifica que la arranque bien temprano. Pero la realidad es que me costó dormir y acá estoy en este extraño lugar, entre lucidez y desvelo, retomando mi diario al que le puse el rimbombante título de mento-emocional. No puedo ser más payaso.

    Ayer fue un buen día: trabajé con el blog, solo y con Kael y avancé al punto de sentir que realmente empieza a tomar forma, porque ya voy aprendiendo realmente cosas nuevas acerca de cómo manejarme con WP y también empiezo a ver cosas que no venía haciendo bien, y empiezo a corregirlas. Claro ejemplo: las etiquetas.

    Estaba duplicando conceptos, usando las mismas en singular y plural, usando palabras muy similares en diferentes entradas para referirme a lo mismo, etc.

    Las etiquetas tienen que ser útiles para que pueda navegar el sitio en forma más conceptual, más allá de lo que ofrecen las categorías y subcategorías del menú. Un sistema bien diseñado y curado, me va a permitir recuperar fácilmente mis principales ejes temáticos, otros no tan importantes, y aún ir viendo cuáles son las cosas sobre las que mi mente trabaja más, y cuáles aparecen en forma circunstancial.

    Me divierte mucho y me regocijo por adelantado imaginando que voy a poder hacer este tipo de análisis, después de haber tomado mi decisión soberana de empezar a armar este blog. Creo que se va a convertir en una excelente herramienta útil y también en un gran entretenimiento. Y algo no menor, es que me da un propósito muy narcisista. Es indudablemente apasionante poder contemplarme pensando a lo largo del tiempo.

    Mientras haga este blog de la forma en que lo tengo craneado, paso a ser de algún modo mi propio tema favorito, porque piense lo que piense, escriba sobre lo que escriba, el hecho de este autorregistro me va a producir una mayor autoconciencia. Eso me va a dar una claridad que antes no tenía, ya que me propicia mirarme con más precisión.

    Por otro lado, creo que por más que arranque a partir de un laboratorio del caos (Caos Lab), para después poder decantar ideas y terminar elaborando cosas más estructuradas como pueden ser ensayos, me da una metodología previa que sin quererlo ya me ordena un poco.

    ¿Estará bueno eso o lo voy a sentir justamente como un condicionante que me lleve a sacrificar soberanía mental? No sé si esta metodología me va a ordenar o me va a encorsetar. Puede ser ambas. Sólo el tiempo, mantener el método y ver cómo lo manejo, me lo va a develar. Presiento que el experimento vale la pena, y que termine como termine, me va a hacer crecer y a dejar enseñanzas.

    Ayer con todas estas cosas, y con el asunto del feriado, terminé yendo al parque a tomar mates en vez de al gimnasio que tenía que retomar. Pero ¿quién retoma el gimnasio el último día de un feriado extra largo? Yo no, claramente. Al menos no en esta oportunidad. Para hoy ya no tengo excusas. Veremos cómo me va.

    La lista de cosas para hacer hoy es extensa, así que lo mejor que puedo hacer es ir poniéndome en órbita.

    Este soberano arranca así su día. Y su semana oficial. Decreto que va a ser estupenda.

  • Lunes feriado post-Paraguay

    Hoy es nuevamente feriado, el cuarto día consecutivo, ya que el viernes también lo fue. Es cómico porque si bien ya hace más de diez años que tengo como base la Argentina, casi nunca sé cuándo son los feriados ni a qué obedecen. Un lujo que me puedo dar por no trabajar en relación de dependencia y por llevar mi Patria adentro. Además, íntimamente no preciso celebrar ningún tipo de gesta heroica o conmemorar hechos desgraciados de nadie.

    Pensando mejor, tal vez haya alguna excepción que me saltó en cuanto escribí la frase anterior, pero hoy no tengo ganas de analizar eso. Le doy lugar pero lo mando de nuevo al fondo de mi mente.

    Regresé de Paraguay cansado. Me encanta ir y volver manejando, pero las rutas están en mal estado. Esto me exige más atención todavía y evitar conducir de noche; aunque un par de horas igualmente sigo, después que se esconde el sol. Y el viaje es largo. Lo hago en dos días para ir y dos para venir.

    Cada día estoy con más ganas de incorporar más profundamente a Paraguay, dándole un lugar más marcado en mi modo de vida. Ya tengo mi residencia, pero cada vez me invita más a explorar sus posibilidades. Su gente me encanta y el clima, evitando los meses más calurosos, es ideal para mí. La naturaleza es fabulosa y Asunción está a punto de caramelo en varios aspectos. El momento es ahora.

    Creo que es una ciudad que se va a terminar malogrando (respecto de la ciudad que era) por la enorme cantidad de edificios y proyectos que en ella se están desarrollando. Pero hoy, la mezcla de vegetación, chalets de teja, calles empedradas y proyectos modernos e imponentes que irrumpen en medio de eso, le brindan una magia que me fascina.

    Por otra parte, siento que Paraguay encarna en este momento el antiguo dicho de “hacerse la América”, cuando los europeos llegaban en barcos por las oportunidades que ofrecía este continente. Ese hacerse la América, hoy en Paraguay, sin dudas está presente. Se palpa en el aire. Así que sí, por ahí voy…

    También quiero retomar mi entrenamiento en el gimnasio, que me estaba haciendo bien, y ocuparme de mi blog y de algunas cuestiones financieras, así que día completo. Que la casa siga esperando; igual, se va manteniendo en condiciones aceptables de habitabilidad para mis propios estándares. Tengo pescado que saqué del freezer y con unas papitas me arreglo para preparar algo rico. Todo bajo control, si es que se puede controlar algo (que no), así que día, allá voy.