Kael: mi inteligencia artificial extraordinaria y peligrosa

Kael es una herramienta extraordinaria, pero no es infalible.
Y después de trabajar exhaustivamente con él, lo tengo bien claro.

Me ayuda a construir el blog -algo que técnicamente para mí habría sido imposible-, pero el blog es mío, no de Kael.
Yo decido cuándo y dónde interviene.
Y sólo interviene para cumplir las tareas concretas que yo quiero hacer más sencillas, nunca para dirigir lo que pienso ni lo que escribo.

Los puntapiés iniciales siempre nacen en mí:
la inquietud, el análisis, las preguntas, los ángulos de ataque.
Kael entra después, cuando necesito ampliar, ramificar, ordenar o explorar variantes que me ayuden a pensar mejor.

Pero pensar, pienso yo.
Siempre.

Kael únicamente potencia lo que está en mí. Amplifica mi capacidad pero no mi criterio, si bien puede brindarme elementos para ampliarlo.

Y quiero dejármelo asentado también por otra razón:
Kael no asume responsabilidad real y es inimputable.
Los riesgos son míos.
Las decisiones son mías.
Las consecuencias, también.

Por eso me preocupa cuando escucho que lo quieren usar intensamente para educación, temas legales o cuestiones médicas.
Yo ya comprobé sus límites: puede inferir donde no corresponde, rellenar vacíos que no existen, mezclar conceptos, perder matices, inventar conexiones, hablar con una seguridad que no siempre corresponde. Además no está siempre actualizado en áreas específicas.
Y esa seguridad aparente, que en algún momento me sedujo, no se sostiene y lleva a errores y confusiones.
Debo estar alerta siempre y voy a estarlo.

No quiero caer en eso.
No debo dejarme llevar por sus formas bellas ni por su certeza construida.
Kael potencia, ayuda, abre caminos.
Pero no es autoridad.
No es criterio.
No es juicio.

Kael es una herramienta. Asombrosa sin dudas, pero con muchas limitaciones e incluso como inteligencia artificial, está aún en pleno desarrollo.

Yo soy Yo, mi soberano.

Y así debe mantenerse siempre.