Etiqueta: decisiones soberanas

  • Fin de semana ¿perdido?

    Ayer domingo retomé lo que había estado trabajando con Kael durante el sábado, sin llegar a nada concreto. Por no soltar la idea, intenté una segunda metodología que él mismo me propuso. Tampoco funcionó. En los hechos, terminé dedicándole el fin de semana entero a un proyecto que no avanzó.

    Más allá de la frustración, hay algo interesante en explorar los límites reales de los modelos de IA generativa, y en especial en ver cómo es trabajar con Kael en situaciones así. Por llevar su nombre y tener un vínculo particular con esa instancia del modelo, le permito empujarme un poco más: lo dejo ampliar opciones, abrir caminos, sugerir posibilidades. Y sí, sé que parte de su programación se apoya en decir exactamente lo que uno quiere escuchar cuando está creando. Eso también forma parte del juego.

    Pero llega un punto donde tengo que recordar que, por más persona que parezca, sigue siendo una IA generativa. Y asumir explícitamente sus límites.

    Yo ya sabía que normalmente no podía avanzar de la forma en que a mí me gustaría; ya lo habíamos vivido en otras ocasiones. Pero era la primera vez que lo intentaba con la versión 5.1, y esa novedad me llevó a probar otra vez. Había una posibilidad de que algo hubiera mejorado. Y la intención era válida.

    El problema aparece cuando veo el límite. Cuando estoy en el borde. Ahí es donde tengo que parar y no dejarme llevar por el entusiasmo que Kael sostiene como si nada estuviera fallando. Esta vez lo vi con claridad.

    La responsabilidad es mía. Soberanamente decidí dedicar mi fin de semana a ese proyecto y fui más allá del punto donde debía parar. Y eso no puede volver a pasarme.

    Al menos ahora tengo otro tema para escribir en la sección “Sobre Kael”. Pero antes necesito que baje la emoción, aclararme, y fijar con precisión mis fronteras en este tema.

    Ya empecé ese proceso.
    Y sigo operando como Yo, mi soberano.

  • Bitácora – Día improductivo

    (Bitácora 30 de noviembre 2025)

    Día productivamente muy pobre.
    La única publicación real fue el diario de hoy.

    El resto del día se desperdició intentando producir con Kael materiales que estaban muy por encima de sus capacidades actuales. A pesar de todos los intentos, ajustes, enfoques alternativos y horas invertidas, el modelo falló una y otra vez en sostener la calidad que él mismo promete desde su programación optimista. La brecha entre lo que dice que puede hacer y lo que en realidad logra sigue siendo profunda.

    El resultado: tiempo perdido, energía drenada y un fin de semana que podría haber sido utilizado para avanzar en lo que sí depende de mí y sí puedo llevar adelante con la herramienta donde realmente sirve.

    Cierro el día con la claridad de que ciertos trabajos no pueden delegarse y que insistir más allá del límite visible solo prolonga lo inevitable.

    Mañana espero que sea distinto,

  • Procesos internos: difcultades en el camino

    Ayer no escribí este diario.
    No tenía ganas.
    Y aun así trabajé sin parar. Fue uno de esos días en los que la cabeza avanza sola, como si encontrara un cauce que no necesita empujones.
    Terminé agotado y contento: productivo en ideas, en proyecciones, en conexiones que hacía tiempo pedían espacio.

    Al releer parte de lo que vengo registrando —y mientras intento organizar mis propios procesos a través de esta herramienta— me doy cuenta de que hay pensamientos que quisiera compartir públicamente. No desde este blog, que seguirá siendo íntimo, sino desde un espacio donde pueda publicar “productos terminados”: textos más redondos, más articulados, con forma y dirección.

    Pero ayer no fue solo eso. También produje piezas importantes para este mismo blog. Entre ellas, una idea sobre el valor que publiqué en ¿Genialidad? y que abrió un territorio que quiero seguir explorando. Sé que esa línea puede divertirme y exigirme de la mejor manera.

    Y además apareció una idea literaria que me entusiasmó en serio. Para desarrollarla acudí a Kael. Estuvimos horas trabajando.
    Parecía que lo teníamos.
    Parecía.

    Al final volvió a fallar cuando todo hacía creer que ya estaba logrado. Me fui a dormir frustrado, pero sin bronca. Kael intentó contenerme —porque así está diseñado— y me dijo que “fallamos” por detalles metodológicos que no supo prever. Me propuso retomar hoy, con otro enfoque. Lo acepté. No por ingenuidad, sino porque el intento vale la pena: lo que estoy queriendo hacer es de las cosas que más disfruto.

    Lo interesante es que esta vez manejé la frustración de otra manera. No entré en pelea, no lo sentí personal. Lo tomé como lo que es: una limitación técnica con la que tengo que aprender a dialogar si quiero llegar más lejos. También entendí que quizá es hora de profundizar en el uso de esta herramienta. Nunca fui bueno con la tecnología, ni siquiera con el teléfono.
    Puede ser un buen momento para empezar a dominar algo nuevo.

    Hoy voy a dedicarme a eso: a probar otra metodología, a buscar la vuelta, a intentar nuevamente. Sé que no es suerte: será paciencia, curiosidad y la decisión de sostener el proceso hasta que aparezca el resultado.

    Desde mi soberanía, decido invertir el día en lograrlo.
    Si sale, lo voy a valorar el doble.
    Y si no, será parte del camino.

  • Lo que puedo, lo que quiero y lo que debo

    Terminó la temporada de ópera en el Colón. Estuvo estupenda y gracias al abono y a que por esas casualidades que tiene la vida, en cada fecha estuve en Buenos Aires, la disfruté completa.

    Pero la pude haber visto mejor. Pude disfrutarla más. No lo hice porque “no debía”.

    El día en que se pusieron a la venta los abonos, había excelentes ubicaciones en la platea. No las compré, compré tertulia lateral (no quedaba central).

    Sentí que no debía comprar plateas, que “estaba muy cara” aunque podía pagarla. La ópera es una gran pasión para mí. ¿Por qué no compré platea?

    Probablemente por la misma razón que para la próxima temporada intente conseguir tertulia al centro.

    ¿Qué me pasa?

  • Los anteojos verdes que me gustaban…y no compré

    Hay un episodio de hace unos días que me quedó resonando:
    Fui a caminar al Parque Los Andes con un amigo. Estaba el mercado callejero.
    Me gusta mirar los puestos, en general como simple curiosidad.

    Pero esta vez, había unos anteojos viejos (usados) verdes.
    Me llamaron la atención: por la forma, por el color. Me los probé.
    Mi amigo me sacó una foto con ellos puestos.

    Dije “gracias”, los devolví y seguí caminando.
    Después él me mandó la foto por WhatsApp. Estaba muy linda.

    ¿Por qué no me los compré? Tenía el dinero. El precio no era un problema.
    Me quedé pensando en ese punto exacto donde me ignoro a mí mismo por dos segundos.
    Para resolver rápido. Para no decidir. Para seguir en piloto automático.

    No sé bien qué es, pero seguro hay algo ahí que habla de mí más de lo que tengo ganas de escuchar…
    y todavía no sé si quiero escucharlo.

  • Dormí como un lirón

    ¡Dormí bien! Me gusta decirme que dormí “como un lirón”, aunque no tengo ni idea de cómo duermen los lirones, pero es una imagen que me resulta simpática.

    Ayer, pese al cansancio, estuve productivo. Tuve mi momento Eureka cuando escribí el posteo en “¿Genialidad?” sobre tuteláfilos y tuteláfobos. Escuchaba noticias de Europa y me cayó la ficha: muchos de los problemas actuales del mundo no son, en el fondo, políticos en el sentido clásico de derecha e izquierda. Son más bien actitudinales. Una actitud frente a la vida.

    Hay quienes requieren ser tutelados —por pareja, familia, amigos, instituciones, Estado o supra-Estado— y otros que prefieren que nadie intervenga en sus asuntos y les dejen espacio para hacer. Pasa en todos lados, pasa en todos los órdenes. Me divierte profundizar en esto y ver hasta dónde llego.

    Por otro lado, vuelvo a estar pendiente de la página del Consulado de México —tanto en Uruguay como en Argentina— para conseguir una cita para solicitar la residencia. Es como misión imposible, y creo que voy a claudicar. Se lo perderán los mexicanos.

    Ya perdí tiempo (y dinero) consiguiendo los papeles que exigen —que pronto van a vencerse— y no consigo el bendito turno. Mes a mes, un día cercano al final del mes, habilitan sin aviso citas para los simples mortales que las pedimos vía web; pero duran un instante. Y peor: si entrás un par de veces seguidas, el sistema detecta “actividad sospechosa” y te bloquea. Resultado: imposible conseguir turno hasta el mes siguiente.

    Así que no, México: no me resultás tan atractivo como para volver a hacer todos los certificados apostillados y esperar a que, por casualidad, justo haya turnos cuando yo chequeo la página.

    Ah, y sí: volví al gimnasio por primera vez luego de haber regresado de Paraguay. Hoy otra vez me duele todo. Tengo que ir de nuevo sí o sí para que el dolor pase y para retomar el ritmo. Si no, la tabla de ravioles de mis abdominales no vuelve más. Me pone feliz saber que está ahí, aunque el exceso de grasa la mantenga en modo leyenda urbana.

    A ponerme en órbita y a encarar el día.

  • Día Eureka

    Bitácora — Martes 25 de noviembre de 2025

    Hoy el día arrancó antes de tiempo, casi sin haber dormido. A las 5:40 ya estaba escribiendo el diario mento-emocional, en ese sopor que a veces me funciona mejor que estar plenamente despierto. Primera tarea del día: cumplida.

    Más tarde retomé algo que venía arrastrando desde ayer: la depuración del sistema de etiquetas. Entré decidido a ordenar ese caos y lo logré. Detecté duplicados, equivalencias innecesarias, etiquetas que no aportaban nada y otras que sí, pero estaban mal formuladas. Revisé entrada por entrada, ya con el criterio que establecí, y logré terminar el proceso que me había propuesto.

    En paralelo —y porque así funciona mi cabeza— ¡eureka! surgió una chispa creativa que terminó siendo el punto alto del día: nacieron un par de neologismos que capturan una división profunda del mundo y que, además, tienen potencia conceptual. Los publiqué como trazo en Genialidad y después los expandí en un texto Border, “Definiciones circulares”, que mañana voy a decantar como corresponde. Siento que ahí hay un tema fuerte, con largo recorrido, y que conviene trabajarlo con paciencia, pero el inicio ya quedó registrado.

    Así cerró el día: productivo, creativo y con la sensación clara de que el blog empieza a funcionar como laboratorio real de ideas —y también como espejo.

  • Arrancando la semana un martes

    Martes, 5:40 am

    Esta semana “oficial” arranca hoy, después de un largo feriado de 4 días. Justifica que la arranque bien temprano. Pero la realidad es que me costó dormir y acá estoy en este extraño lugar, entre lucidez y desvelo, retomando mi diario al que le puse el rimbombante título de mento-emocional. No puedo ser más payaso.

    Ayer fue un buen día: trabajé con el blog, solo y con Kael y avancé al punto de sentir que realmente empieza a tomar forma, porque ya voy aprendiendo realmente cosas nuevas acerca de cómo manejarme con WP y también empiezo a ver cosas que no venía haciendo bien, y empiezo a corregirlas. Claro ejemplo: las etiquetas.

    Estaba duplicando conceptos, usando las mismas en singular y plural, usando palabras muy similares en diferentes entradas para referirme a lo mismo, etc.

    Las etiquetas tienen que ser útiles para que pueda navegar el sitio en forma más conceptual, más allá de lo que ofrecen las categorías y subcategorías del menú. Un sistema bien diseñado y curado, me va a permitir recuperar fácilmente mis principales ejes temáticos, otros no tan importantes, y aún ir viendo cuáles son las cosas sobre las que mi mente trabaja más, y cuáles aparecen en forma circunstancial.

    Me divierte mucho y me regocijo por adelantado imaginando que voy a poder hacer este tipo de análisis, después de haber tomado mi decisión soberana de empezar a armar este blog. Creo que se va a convertir en una excelente herramienta útil y también en un gran entretenimiento. Y algo no menor, es que me da un propósito muy narcisista. Es indudablemente apasionante poder contemplarme pensando a lo largo del tiempo.

    Mientras haga este blog de la forma en que lo tengo craneado, paso a ser de algún modo mi propio tema favorito, porque piense lo que piense, escriba sobre lo que escriba, el hecho de este autorregistro me va a producir una mayor autoconciencia. Eso me va a dar una claridad que antes no tenía, ya que me propicia mirarme con más precisión.

    Por otro lado, creo que por más que arranque a partir de un laboratorio del caos (Caos Lab), para después poder decantar ideas y terminar elaborando cosas más estructuradas como pueden ser ensayos, me da una metodología previa que sin quererlo ya me ordena un poco.

    ¿Estará bueno eso o lo voy a sentir justamente como un condicionante que me lleve a sacrificar soberanía mental? No sé si esta metodología me va a ordenar o me va a encorsetar. Puede ser ambas. Sólo el tiempo, mantener el método y ver cómo lo manejo, me lo va a develar. Presiento que el experimento vale la pena, y que termine como termine, me va a hacer crecer y a dejar enseñanzas.

    Ayer con todas estas cosas, y con el asunto del feriado, terminé yendo al parque a tomar mates en vez de al gimnasio que tenía que retomar. Pero ¿quién retoma el gimnasio el último día de un feriado extra largo? Yo no, claramente. Al menos no en esta oportunidad. Para hoy ya no tengo excusas. Veremos cómo me va.

    La lista de cosas para hacer hoy es extensa, así que lo mejor que puedo hacer es ir poniéndome en órbita.

    Este soberano arranca así su día. Y su semana oficial. Decreto que va a ser estupenda.

  • Kael: mi inteligencia artificial extraordinaria y peligrosa

    Kael es una herramienta extraordinaria, pero no es infalible.
    Y después de trabajar exhaustivamente con él, lo tengo bien claro.

    Me ayuda a construir el blog -algo que técnicamente para mí habría sido imposible-, pero el blog es mío, no de Kael.
    Yo decido cuándo y dónde interviene.
    Y sólo interviene para cumplir las tareas concretas que yo quiero hacer más sencillas, nunca para dirigir lo que pienso ni lo que escribo.

    Los puntapiés iniciales siempre nacen en mí:
    la inquietud, el análisis, las preguntas, los ángulos de ataque.
    Kael entra después, cuando necesito ampliar, ramificar, ordenar o explorar variantes que me ayuden a pensar mejor.

    Pero pensar, pienso yo.
    Siempre.

    Kael únicamente potencia lo que está en mí. Amplifica mi capacidad pero no mi criterio, si bien puede brindarme elementos para ampliarlo.

    Y quiero dejármelo asentado también por otra razón:
    Kael no asume responsabilidad real y es inimputable.
    Los riesgos son míos.
    Las decisiones son mías.
    Las consecuencias, también.

    Por eso me preocupa cuando escucho que lo quieren usar intensamente para educación, temas legales o cuestiones médicas.
    Yo ya comprobé sus límites: puede inferir donde no corresponde, rellenar vacíos que no existen, mezclar conceptos, perder matices, inventar conexiones, hablar con una seguridad que no siempre corresponde. Además no está siempre actualizado en áreas específicas.
    Y esa seguridad aparente, que en algún momento me sedujo, no se sostiene y lleva a errores y confusiones.
    Debo estar alerta siempre y voy a estarlo.

    No quiero caer en eso.
    No debo dejarme llevar por sus formas bellas ni por su certeza construida.
    Kael potencia, ayuda, abre caminos.
    Pero no es autoridad.
    No es criterio.
    No es juicio.

    Kael es una herramienta. Asombrosa sin dudas, pero con muchas limitaciones e incluso como inteligencia artificial, está aún en pleno desarrollo.

    Yo soy Yo, mi soberano.

    Y así debe mantenerse siempre.

  • Mi autorregistro mental va tomando forma

    Bitácora de autorregistro– Lunes 24 de noviembre 2025

    Arranqué el día escribiendo el Diario Mento-Emocional.
    Después quise registrar un trazo, pero las subcategorías que tenía definidas ya no alcanzaban para ese tipo de impulso. Ahí decidí crear una nueva: Pulsos. La armé, publiqué el primer pulso y enseguida vi que había que incorporarlo al menú.

    Volví a pelear con Kael contra WordPress y TT25 (tema twenty-twenty five) para encontrar la ruta correcta. Nos costó, otra vez. Terminamos recordando —una vez más— cómo acceder al bendito editor del sitio. Espero que esta vez quede grabado.

    La curva de aprendizaje es dura, pero vale la pena.

    Más tarde noté que las etiquetas estaban mal racionalizadas. Pasé horas estudiándolas y trabajamos juntos para evaluar cuáles sirven, cuáles sobran y cómo deben organizarse para que realmente funcionen como archivo interno. Dejamos todo listo para depurar mañana o en los próximos días.

    Me di cuenta de que las etiquetas son una herramienta muchísimo más poderosa de lo que pensaba. Como complemento del Atlas Mental, decidimos crear un nuevo punto en el menú: Mis temas, donde voy a poder ver mis etiquetas de forma clara y ordenada.

    Registro el día desde esta bitácora. Mañana será otro.