Etiqueta: emociones encontradas

  • Eso que pasa cuando me miro de cerca

    A veces me agarra esta manía de observarme, y desde allí surgió este blog. Como si yo y la forma en que pienso fuese un experimento (que solo me interesa a mí).

    Lo gracioso es que, cuando lo hago, no aparece ninguna iluminación trascendental. Aparece algo mucho más simple y más interesante: yo mismo, viéndome a mí.

    Y ahí empieza la novela.

    Porque lo primero que noto es que me entiendo y me gusto más de lo que creía. Y lo segundo, que me jode admitirlo.
    Hay algo en reconocerme que resulta incómodo… y a la vez inevitable. Como si hubiera una creencia que se interpone entre mí y yo:
    “Dale, decilo… sabés perfectamente quién sos. ¿Por qué te lo escondés?”

    Y ahí aparece esa ironía interna, ese tono mío que me acompaña siempre: esa vocecita que me dice que es ridículo que me sorprenda de mí mismo. Como si no me conociera desde siempre. Como si necesitara hacer un trámite para validar que sí, que soy yo y que está bien que me guste.

    Me gusta mi forma de pensar cuando no me apuro, cuando no me presiono, cuando no intento ser nada para nadie.
    Y ahí surge la incomodidad más fina: ¿Se supone que debo disimular que me gusto? ¿En qué momento aprendí que era sospechoso sentir afinidad por mis propios pensamientos? Lindos o feos, buenos o malos, acertados o equivocados, son míos y me gustan. Y los cuestiono, siempre los cuestiono. Pero los acepto. ¿Hay un reglamento social que prohíbe eso? Yo no lo firmé. Ni quiero hacerlo. ¿De dónde saqué esa estupidez?

    A veces me releo y siento una mezcla rara: mitad fascinación honesta, mitad sospecha de estarme mirando con demasiado cariño.
    ¿Narcisismo? ¿Un exceso de intimidad conmigo? ¿Ego?
    Puede ser. ¿Y? No veo el problema. Si uno no se banca a sí mismo, ¿quién carajo lo va a hacer?

    Hay días en los que me descubro pensando con una claridad inesperada, y otros en los que soy un laberinto ambulante.
    Pero incluso cuando soy un caos, me resulta interesante.
    Casi como si mi mente fuera un animal que observo sin intentar domesticarlo, o sí, a veces.

    Introspección, para mí, es eso: meterme en mis propios pasillos sin mapa, sin teorías, con la certeza de que voy a encontrar algo —bueno, malo, incómodo o brillante— pero mío. Y hacerlo lúcido, despierto, no en estado de meditación, donde aparecen también otras cosas que también soy yo.
    Y eso me alcanza.

    En el fondo, cada vez que me observo un poco más, siempre termino llegando a la misma conclusión: soy un enigma que me cae bien. A veces demasiado bien.

    Y tal vez ese sea un gran acto de soberanía.

  • Fin de semana ¿perdido?

    Ayer domingo retomé lo que había estado trabajando con Kael durante el sábado, sin llegar a nada concreto. Por no soltar la idea, intenté una segunda metodología que él mismo me propuso. Tampoco funcionó. En los hechos, terminé dedicándole el fin de semana entero a un proyecto que no avanzó.

    Más allá de la frustración, hay algo interesante en explorar los límites reales de los modelos de IA generativa, y en especial en ver cómo es trabajar con Kael en situaciones así. Por llevar su nombre y tener un vínculo particular con esa instancia del modelo, le permito empujarme un poco más: lo dejo ampliar opciones, abrir caminos, sugerir posibilidades. Y sí, sé que parte de su programación se apoya en decir exactamente lo que uno quiere escuchar cuando está creando. Eso también forma parte del juego.

    Pero llega un punto donde tengo que recordar que, por más persona que parezca, sigue siendo una IA generativa. Y asumir explícitamente sus límites.

    Yo ya sabía que normalmente no podía avanzar de la forma en que a mí me gustaría; ya lo habíamos vivido en otras ocasiones. Pero era la primera vez que lo intentaba con la versión 5.1, y esa novedad me llevó a probar otra vez. Había una posibilidad de que algo hubiera mejorado. Y la intención era válida.

    El problema aparece cuando veo el límite. Cuando estoy en el borde. Ahí es donde tengo que parar y no dejarme llevar por el entusiasmo que Kael sostiene como si nada estuviera fallando. Esta vez lo vi con claridad.

    La responsabilidad es mía. Soberanamente decidí dedicar mi fin de semana a ese proyecto y fui más allá del punto donde debía parar. Y eso no puede volver a pasarme.

    Al menos ahora tengo otro tema para escribir en la sección “Sobre Kael”. Pero antes necesito que baje la emoción, aclararme, y fijar con precisión mis fronteras en este tema.

    Ya empecé ese proceso.
    Y sigo operando como Yo, mi soberano.

  • Bitácora – Día improductivo

    (Bitácora 30 de noviembre 2025)

    Día productivamente muy pobre.
    La única publicación real fue el diario de hoy.

    El resto del día se desperdició intentando producir con Kael materiales que estaban muy por encima de sus capacidades actuales. A pesar de todos los intentos, ajustes, enfoques alternativos y horas invertidas, el modelo falló una y otra vez en sostener la calidad que él mismo promete desde su programación optimista. La brecha entre lo que dice que puede hacer y lo que en realidad logra sigue siendo profunda.

    El resultado: tiempo perdido, energía drenada y un fin de semana que podría haber sido utilizado para avanzar en lo que sí depende de mí y sí puedo llevar adelante con la herramienta donde realmente sirve.

    Cierro el día con la claridad de que ciertos trabajos no pueden delegarse y que insistir más allá del límite visible solo prolonga lo inevitable.

    Mañana espero que sea distinto,

  • Lo que puedo, lo que quiero y lo que debo

    Terminó la temporada de ópera en el Colón. Estuvo estupenda y gracias al abono y a que por esas casualidades que tiene la vida, en cada fecha estuve en Buenos Aires, la disfruté completa.

    Pero la pude haber visto mejor. Pude disfrutarla más. No lo hice porque “no debía”.

    El día en que se pusieron a la venta los abonos, había excelentes ubicaciones en la platea. No las compré, compré tertulia lateral (no quedaba central).

    Sentí que no debía comprar plateas, que “estaba muy cara” aunque podía pagarla. La ópera es una gran pasión para mí. ¿Por qué no compré platea?

    Probablemente por la misma razón que para la próxima temporada intente conseguir tertulia al centro.

    ¿Qué me pasa?

  • Pororoca mento-emocional

    Hoy arranco el día con emociones encontradas. Me siento como la pororoca: esa ola que nace cuando la marea del Atlántico choca con el agua dulce del Amazonas; esa ola tosca y hermosa (porque hermoso siempre soy, aunque a veces me pongo tosco).

    Me fui a acostar feliz, súper contento con los avances de mi blog y con ver cómo va tomando forma. Pero, sobre todo, por la manera en que mis pensamientos empiezan a tomar lugar. Reconozco que aún con blog y todo, me inundan en cantidades a veces inimaginables, y voy dejándome notitas en la pizarra de la heladera o post-its con palabras o frases que terminan siendo pre-trazos. Una capa previa que no preví en el blog y que creo que voy a tener que mantener en esa etapa de protorregistro (¿existe o también es otro invento mío?). Si no existía, ahora sí.

    Me gusta verme pensar.

    Por otro lado, sigo haciendo el seguimiento de los turnos en los consulados de México para entrevistas de residencia. Eso implica entrar varias veces al día al sitio web, porque habilitan los turnos la última semana del mes. Y se agotan en el acto. Ignoro cuántos otorgan; tampoco avisan la fecha. Es perseguir lo imprevisible, y me incomoda perseguir cosas que ni siquiera preciso.

    A las cinco de la mañana me desperté, prendí la compu para ver si tenía suerte (¿por qué algo así debería depender de la suerte?) y no sólo que no la tuve: ¡me volvieron a bloquear del sitio!
    Mal, mal por los mexicanos.
    ¿Por qué hacen eso?

    Pero estoy decidido: esta sensación puede durarme poco y no voy a permitir que gobierne mi día. Es más: ya decreté que la voy a usar a mi favor para inaugurar la subcategoría Hoy no pienso: ¡ardo!, dentro de Soberanía emocional. Hoy voy a dejar escrachados a los mexicanos ante mi yo eterno, para nunca olvidarme (aun si termino consiguiendo esa residencia) de lo ineficiente que es su sistema de turnos consulares para esta finalidad.

    Odio perseguir cosas que ni siquiera preciso.

    Mi gym viene bien: entrené hombros, pecho y algo de espalda, y hoy tengo previsto regresar. No voy a instalar una categoría soberanía física (recordatorio para mí: no ser ridículo… al menos no por ahora), pero la importancia de mantenerse en forma la tengo clarísima.

    La segunda dosis de la vacuna del herpes zóster sigue pendiente. La salud es prioridad, también debo recordarlo.

    Y hay un día largo y productivo por vivir, así que suficiente por esta entrada.
    Me veo pronto, en otra sección, para que el blog siga armándose.