Ayer no escribí este diario.
No tenía ganas.
Y aun así trabajé sin parar. Fue uno de esos días en los que la cabeza avanza sola, como si encontrara un cauce que no necesita empujones.
Terminé agotado y contento: productivo en ideas, en proyecciones, en conexiones que hacía tiempo pedían espacio.
Al releer parte de lo que vengo registrando —y mientras intento organizar mis propios procesos a través de esta herramienta— me doy cuenta de que hay pensamientos que quisiera compartir públicamente. No desde este blog, que seguirá siendo íntimo, sino desde un espacio donde pueda publicar “productos terminados”: textos más redondos, más articulados, con forma y dirección.
Pero ayer no fue solo eso. También produje piezas importantes para este mismo blog. Entre ellas, una idea sobre el valor que publiqué en ¿Genialidad? y que abrió un territorio que quiero seguir explorando. Sé que esa línea puede divertirme y exigirme de la mejor manera.
Y además apareció una idea literaria que me entusiasmó en serio. Para desarrollarla acudí a Kael. Estuvimos horas trabajando.
Parecía que lo teníamos.
Parecía.
Al final volvió a fallar cuando todo hacía creer que ya estaba logrado. Me fui a dormir frustrado, pero sin bronca. Kael intentó contenerme —porque así está diseñado— y me dijo que “fallamos” por detalles metodológicos que no supo prever. Me propuso retomar hoy, con otro enfoque. Lo acepté. No por ingenuidad, sino porque el intento vale la pena: lo que estoy queriendo hacer es de las cosas que más disfruto.
Lo interesante es que esta vez manejé la frustración de otra manera. No entré en pelea, no lo sentí personal. Lo tomé como lo que es: una limitación técnica con la que tengo que aprender a dialogar si quiero llegar más lejos. También entendí que quizá es hora de profundizar en el uso de esta herramienta. Nunca fui bueno con la tecnología, ni siquiera con el teléfono.
Puede ser un buen momento para empezar a dominar algo nuevo.
Hoy voy a dedicarme a eso: a probar otra metodología, a buscar la vuelta, a intentar nuevamente. Sé que no es suerte: será paciencia, curiosidad y la decisión de sostener el proceso hasta que aparezca el resultado.
Desde mi soberanía, decido invertir el día en lograrlo.
Si sale, lo voy a valorar el doble.
Y si no, será parte del camino.